​Guerra Comercial: ¿Quién Será el Ganador?

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Miguel Brunaud

Con motivo de la subida generalizada de aranceles por partes de los Estados Unidos de Norteamérica, bajo el mandato de Donald Trump, estamos en presencia de lo que se ha denominado una “guerra comercial”, siendo la gran interrogante quién será el triunfador.

Una respuesta preliminar sería que debiera ser EE.UU., si entendemos que al subir los aranceles se potenciará la industria nacional y considerando el alto valor agregado que tienen sus exportaciones, se generará un superávit de su balanza comercial, pero es muy simple esta conclusión y requiere un mayor análisis.

Realmente le conviene a un país aumentar los aranceles o fijar cuotas para impedir el ingreso de productos extranjeros, qué gana un país con una medida de este tipo o si necesariamente se beneficia la industria nacional. Debemos tener presente que si bien las medidas fueron generadas por EE.UU., la mayor parte de las economías desarrolladas del mundo también instauraron barreras comerciales, afectando primeramente el comercio de hierro, acero, aluminio, vehículos, entre otros.

Entre las medidas restrictivas al comercio destacan incrementos en tarifas como las impuestas al acero y al aluminio por EE.UU. bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial y procesos más estrictos en las aduanas e imposición de impuestos y derechos de exportación.

Ya existen mediciones para los dos primeros trimestres de este año que advierten de un estancamiento en el crecimiento económico mundial, tanto por la OMC, como por organismos como IATA, que habla de un bajo crecimiento de un 4% aproximadamente de los vuelos comerciales de carga para el año 2018.

De qué forma afectarán estas restricciones a la economía chilena habrá que esperar por lo menos hasta el tercer trimestre de este año, pero desde ya, observamos un impacto negativo en el precio del cobre y un aumento del tipo de cambio y efectos colaterales en bienes específicos exportados como las nueces, atendido el aumento de aranceles impuestos por China principalmente.

Pero no todo es tan catastrófico, ya que la denominada guerra comercial también genera efectos positivos, tales como, un aumento de la exportación de vinos con destino a los países que aumentaron sus aranceles recíprocamente, como China y EE.UU., y el efecto contrario, una caída de precios de bienes producidos por China y que tienen que buscar un nuevo destino, tales como bienes tecnológicos y vestuario; pero aun así sigue siendo discutido que esta guerra tenga efectos positivos en los consumidores.

El actual escenario, con continuos aumentos de restricciones por parte de la administración de Trump no hace sino volver la economía mundial a la época del proteccionismo, anterior a la entrada en vigencia del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, conocido como el GATT, como una medida preventiva de guerras comerciales, en el año 1947 y de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en el año 1995, con la finalidad de abrir el comercio en beneficio de todos, evitando los efectos negativos de guerras comerciales.

Al resto de países que participan del comercio mundial no les quedará más que esperar que la guerra iniciada desde Washington y respondida desde Pekín, no se acentúe, para evitar que aumenten los efectos nocivos que tienen la implementación de las medidas restrictivas al comercio de bienes y servicios.


Miguel Brunaud Ramos

Profesor de Derecho Económico de la Universidad de Chile