​Jugando con fuego

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

Una de las cosas llamativas del alcalde de Las Condes ha sido la elección de Daniel Jadue, el comunista alcalde de Recoleta, como su mentor en temas sociales. Quedó enloquecido con las farmacias populares, trastornado por el calvinismo moral de Jadue respecto de los piropos en la calle, y ahora simplemente enamorado con “la inmobiliaria popular”. Decidido a quitarse la camiseta de cuico, persigue a toda costa ganarse el alma popular.

Como seguramente, en su intención de desarrollar el proyecto de viviendas sociales en la frontera con Vitacura, encontró una feroz oposición de parte de un vecindario de alto pedigrí, quiso ir a un lugar menos distinguido, donde pensó que a la gente no le importaría tanto. Y eligió nada menos que la rotonda Atenas, tan congestionada como el Costanera Center (en donde pretenden instalar además un mega teleférico) y donde anida una importante clase media, gente de esfuerzo que tiene como parte importante de su patrimonio la plusvalía de sus propiedades.

Vale la pena una reflexión. El objetivo es revertir la segregación de la ciudad. Sin embargo, en todo el mundo existe la segregación de las ciudades, excepto en Cuba, donde todos los que no son del “aparatchik” son pobres, o en la antigua URSS. Excepto quizá también en los países como los nórdicos, donde todos tienen niveles similares de ingresos. Y esto por un motivo muy simple. El valor del suelo, que hace que se acomode a las capacidades financieras de la gente. El reciente ganador del Loto, perfectamente puede usar los $ 1000 millones ganados en comprarse un departamentito en San Damián. Aquí, como la gente no tiene los recursos, la municipalidad los pone por ella. O sea, que ante si y de por sí, la municipalidad se introduce en la redistribución de los ingresos. Con todo, Lavín ha recibido más aplausos que críticas, aunque como política, lo que hizo está condenado al fracaso, pues el costo sería descomunal. Entonces, es una movida política, apelando a los sentimientos, pero no a la racionalidad. Y como se necesita la política para hacer las otras cosas, las buenas, no me atrevo a criticar lo hecho por el alcalde. Aunque hay que tener cuidado por la explosión de expectativas que generan cosas como estas. En Ñuñoa se movió un grupo de gente pidiendo lo mismo, con pancartas que decían “Lavín sálvanos”. De aquí a los “pingüinos” o al “NO+AFP” hay un solo paso.


Enrique Goldfarb

Economista