Christine Lagarde: PIB mundial se reduciría un 0,1% en 2020 si todos los aranceles anunciados entraran hoy en vigor

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“El artista Claude Monet dijo una vez, ‘Trabajé sin parar, porque en este momento la marea está justo como la necesito’. Cuando los ministros de Hacienda y vice gobernadores de bancos centrales del Grupo de los Veinte se reúnan esta semana a orillas del Río de la Plata en Buenos Aires, deberían inspirarse en estas palabras de Monet y aprovechar el crecimiento mundial antes de que la marea cambie”. Con estas palabras, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, se refirió al momento crítico en el que se da la cita.

A través de un artículo publicado en el blog del organismo, la ejecutiva apuntó que en la Actualización de Perspectivas de la economía mundial, el Fondo confirmó las proyecciones de la edición de abril: en 2019 el crecimiento mundial será del 3,9%. “Pero esto podría indicar que la marea ha llegado a su altura máxima. El crecimiento ya comienza a desacelerarse en la zona del euro, Japón y el Reino Unido. A mediano plazo, se prevé que en Estados Unidos el crecimiento impulsado por el reciente estímulo fiscal se modere. En los mercados emergentes, el crecimiento ahora se muestra más desigual que en abril, debido en parte al aumento de los precios del petróleo y las presiones monetarias”, advirtió.

Por ende, señaló, “los ministros de Hacienda y vice gobernadores de bancos centrales del G-20 tienen una nutrida agenda de cara a su reunión en Argentina. ¿En qué deberían concentrar sus esfuerzos? Hay tres principales esferas en las que pueden avanzar esta semana: el comercio mundial, las vulnerabilidades de las economías de mercados emergentes y el efecto de la tecnología en el empleo.”


Comercio mundial


Lagarde comentó que “las tensiones comerciales ya están haciendo mella, pero la magnitud del daño que puedan causar dependerá de lo que hagan ahora los responsables de la política económica (…) Desafortunadamente la retórica se ha transformado en realidad y en el último mes han entrado en vigor una sucesión de aranceles y represalias arancelarias. Datos recientes de Europa y Asia señalan un descenso de los nuevos pedidos de exportación y una disminución de la confianza en algunos países exportadores de automóviles, por ejemplo Alemania.”

La nota de supervisión del G-20 publicada ayer presenta una simulación con cuatro hipótesis comerciales para la economía mundial. Según se precisa, “en una de ellas, si todos los aranceles anunciados al día de hoy entraran en vigor, el producto mundial se reduciría un 0,1% en 2020. Además, si la confianza de los inversionistas se viera afectada por estos aranceles, nuestra simulación muestra que el PIB mundial podría disminuir un ½%, es decir, unos US$ 430.000 millones, con respecto a la proyección actual para el año 2020.”

A su vez, consigna que aunque en último término todos los países se verían perjudicados en caso de conflictos comerciales, la economía estadounidense es especialmente vulnerable porque gran parte de su comercio internacional será objeto de medidas de represalia. Además, la pérdida del PIB no es el único costo.

“En medio de la agitación provocada por las tensiones comerciales, ahora corremos el riesgo de perder nuestro norte. Como dije hace poco, ‘el futuro del comercio es el futuro de los datos’. El debate sobre el comercio se debería centrar en la modernización de las normas comerciales y abordar las cuestiones de los derechos de propiedad intelectual y la adopción de acuerdos innovadores sobre comercio electrónico y servicios digitales. Los responsables de política económica pueden aprovechar esta reunión del G-20 para dejar atrás represalias arancelarias contraproducentes e idear en cambio soluciones multilaterales que mejoren el sistema del comercio mundial”, comentó la titular del FMI.


Vulnerabilidades de los mercados emergentes


Los conflictos comerciales, continuó, “también están exacerbando la situación, ya de por sí complicada, de los mercados emergentes. El aumento de las tasas de interés estadounidenses ha ejercido presión en muchas economías en desarrollo, por ejemplo Brasil y Turquía. En mayo y junio de este año, los inversionistas han retirado en total más de USD 14.000 millones de los mercados emergentes. En respuesta, los responsables de política económica de varios mercados emergentes han aumentado sus tasas de interés y algunos han intervenido directamente para apuntalar su moneda nacional.”

Tal como sostiene, hasta la fecha, esta presión se ha limitado a unos pocos países y está lejos de generar efectos tan generalizados como los del “taper tantrum” de 2013 [es decir, la conmoción causada por el repliegue del estímulo monetario de 2013]. No obstante, indica, como las tasas de interés estadounidenses siguen subiendo, existe el riesgo de que más países puedan experimentar una agudización de la presión. “¿Qué pueden hacer los mercados emergentes? Usar todos los instrumentos que tengan a su alcance”, responde Lagarde. Según acota:


  • Los tipos de cambio deben seguir siendo flexibles para absorber los shocks y ayudar a los países a hacer frente a la salida de los inversionistas.
  • Los organismos de regulación deben actuar de manera coordinada para evitar que el crecimiento excesivo del crédito redunde en una nueva crisis, por ejemplo, garantizando la liquidez en los mercados financieros.
  • Dados los altos niveles de deuda en muchos países, se debe recurrir a la política fiscal para preservar y reponer las reservas en los casos necesarios.

  • Tecnología en el empleo


    Para Lagarde, los avances de la inteligencia artificial y la automatización prometen aumentar la productividad y el crecimiento, ¿pero qué sucederá después? La pérdida de empleo podría exacerbar la desigualdad y, a su vez, deteriorar aún más nuestro tejido social, alertó.

    Consignó en ese plano que el primer paso para resolver el problema es comprender su dimensión. “La falta de información sobre el alcance de la economía de trabajo esporádico dificulta la elaboración de estadísticas sobre el mercado laboral. Al mismo tiempo, las estimaciones de nuestra productividad, es decir, el valor agregado a la economía por el fruto de nuestro trabajo, suelen pasar por alto la forma en que la tecnología está aumentando la eficiencia. Pensemos por ejemplo en un reloj digital. La palabra reloj no capta totalmente su valor. En 2018, su reloj puede ser también un teléfono celular, una sala de cine, una herramienta de navegación y una supercomputadora. Las estadísticas muchas veces no llegan a representar esta realidad”, enfatiza.

    Pero mejorar las mediciones es solo una parte del rompecabezas. “Cualquier dato nuevo será inútil si no se adoptan medidas audaces que ayuden a los ciudadanos a afrontar las consecuencias de la automatización y las perturbaciones derivadas de las nuevas tecnologías. Estas medidas pueden ser, entre otras, modernizar las redes de protección social, reformar los sistemas educativos para brindar educación en todas las etapas de la vida, y asumir el compromiso de invertir considerablemente en infraestructura digital. Singapur, que este año participa en la reunión del G-20, es un buen ejemplo a seguir. En los últimos 10 años ha priorizado la inversión en infraestructura y, hoy en día, es el país con la infraestructura digital más avanzada del mundo”, concluyó.