​El boomerang de Trump

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

Hace poco menos de treinta años terminó la Guerra Fría, en la que Rusia era el principal enemigo de EE. UU. Ahora, de la boca del mismo presidente Trump, resulta que Putin, el presidente de Rusia, es su menor problema. En efecto, ha puesto en contra a sus principales aliados, para no mencionar a su rival, China, pero ahora puede resultar que también terminen enemistándose con él los propios exportadores americanos, que se supone serían los beneficiados con su guerra comercial, y por, sobre todo, los consumidores, aquellos que al final deciden los votos. Si no retrocede en su guerra comercial, y no la desescala como hizo con Corea del Norte, podría ser que su reelección se vea seriamente amenazada y sería, junto a Carter, uno de los pocos presidentes de EE. UU. que no lo logra.

Esto ha sido cubierto extensamente por la prensa, con estudios y recomendaciones de todos los economistas, pero pareciera que no le entran balas.


Efectos del proteccionismo


Resulta que los productos no son fabricados enteramente por un solo país, sino que, por eficiencia, las partes son hechas en distintas naciones, donde cada una tiene sus ventajas comparativas. Así, por ejemplo, el iphone, que se hace finalmente en China, se registra como una importación (el problema de Trump), al que Apple le agrega su margen final, y después lo vende a todas partes. Pero China actúa solo como ensambladora. El celular tiene piezas que vienen de Corea del Sur, Japón, Taiwán y … ¡del mismo EE.UU.! e irónicamente, la porción de China en el costo final es menor al 5%, de modo que, al aplicar aranceles, encarece la importación de piezas al mismo Apple, que se supone que es el beneficiado. Y como China ahora debe pagar impuestos para entrar en EE. UU., lo que está dispuesto a pagarles a sus proveedores es menos, por lo que perjudica a Japón, Corea, y Taiwán, socios estratégicos en todos los planos. Como el iphone resultará más caro, esto encarece el costo de vida de todos los consumidores del mundo, partiendo por el mismo EE.UU., que debe elegir presidente en pocos años más. Sus ventas caerán, y especialmente en el exterior, que optarán por celulares coreanos o chinos. Si el nuevo precio del iphone fue desechado por Apple antes de la protección, no hay forma como la nueva situación pueda beneficiarlo, considerando que lo recolectado por aranceles va al gobierno y no a Apple, de modo que no le entra el mayor precio pagado por el resto del mundo.


Futuro para Trump nada halagüeño


Si al iphone se agregan los automóviles y todos los productos que comprenden la canasta de los consumidores de EE. UU. y pensamos en la cuantía de los márgenes de que se está hablando, aranceles de 25% y más, se entenderá que esto no lo resiste el ciudadano estadounidense, el que disfruta de su standard de vida en la medida que los productos que consume se han ido abaratando en el tiempo, gracias a la misma globalización.

Lo que pasa es que al menos en el papel, Trump está intentando retroceder 100 años en la historia, para situar al país produciendo cosas como lo hacía antes. Pero el costo de hacerlo es inconmensurable, ya que por eso se avanzó lo que se avanzó. Si esto no es sólo una bravata de él, que ya se está excediendo, la guerra comercial no durará mucho y Trump estará disfrutando de la pesca.


Enrique Goldfarb

Economista