​La Peor Perversión Social

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Luis Riveros

Es el mal más extendido en nuestros días, y ataca a países enteros con nefastas secuelas. En América Latina la corrupción se ha instalado desde hace ya mucho tiempo, afectando también a países como Chile que se consideraba así mismo exento del contagio pero que, víctima de ello, deja muchos casos sin investigar y otorga manga ancha a muchos que han sido abordados judicialmente. En Brasil, una Presidenta es puesta fuera de su cargo, como lo fuera otro hace algunos años, por delitos de corrupción, mientras otro ex Presidente está en la cárcel luego de un debido proceso judicial que le ha probado el haber aceptado sobornos . En Argentina se acusa a altos funcionarios, y hasta a la ex Presidenta Fernández quien está siendo investigada por un asunto de corrupción que envuelve incluso el asesinato de un Fiscal. En Perú, el Presidente ha debido renunciar ante acusaciones de soborno, mientras otro ha debido pasar un tiempo en la cárcel y aún hay otro anterior que está declarado prófugo internacional de la Justicia. Acusaciones sobre tráfico de influencias y financiamiento ilegal abundan en Ecuador y Colombia, mientras Centro América permanece como un campo propicio para el financiamiento ilegal de la política con recursos generados por sustanciales ganancias de empresas favorecidas por la legislación. Y México sufre de reiteradas situaciones de corrupción en su historia reciente, vigentes aún durante el mandato de Peña Nieto y bajo la enorme influencia del narcotráfico. Se trata de un país preso del gran predominio de actividades ilegales que financian la política, y en donde el ciudadano debe someterse casi obligatoriamente al ritmo que impone la corrupción y el dinero ilegal. El nuevo Presidente López Obrador ha prometido terminar con este flagelo, un reto que significará graves riesgos para muchos, pero que es necesario enfrentar con gran decisión y voluntad política. Es lo que el pueblo mexicano espera, para lo cual le brindó sustancial apoyo; y es lo que toda América Latina debe esperar como un ejemplo de consecuencia honesta con la democracia que decimos honrar.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile