​Una política tributaria disruptiva para la economía digital

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Alfredo Barriga

En una columna anterior planteaba que, en vez de pensar en la tributación de un país de 17 millones de habitantes habría que pensar en la economía digital global, con 3.000 millones de habitantes. No fui claro en cómo.

En toda esta discusión sobre la tributación de la economía digital hay un dato en el que no han caído nuestras autoridades, debido a que hay que verlo desde el siglo 21: que Uber puso su casa matriz en Holanda, para pagar menos impuestos. Otras empresas lo han hecho en Irlanda.

El hecho es que las empresas de la economía digital pueden mover su casa matriz al país que quieran. Esa es una de las características singulares de esta economía. Uber es norteamericana, pero se fue a Holanda. La competencia por atraer este tipo de empresas – que pueden llegar a generar miles de millones de dólares en utilidades e impuestos a la renta – va a comenzar. Y Chile perfectamente podría entrar en competencia. Es país miembro de la OCDE, tiene una macroeconomía estable y admirada, tiene un marco regulador sin sorpresas.

En vez de buscar la forma de poner impuestos a la actividad de empresas digitales en Chile sería mucho más rentable para el fisco ver cómo atraer a estas empresas para que pongan su casa matriz en Chile. Un impuesto a la renta muy atractivo siempre que se trate de empresas globales, que tengan presencia en los 5 continentes, que al menos estén presente en 20 países, que facturen por encima de los US$10.000 millones, y que su negocio esté basado en Internet. Con que se viniera una empresa del tamaño de Uber, las arcas fiscales ingresarían mucho más dinero que con ninguna de las ideas que se han barajado hasta ahora.

Una última reflexión: si se pone un impuesto a las transacciones, no lo van a pagar las empresas de la economía digital. Lo van a pagar los usuarios. En el caso de Uber, los choferes – lo cual sería un impuesto a la renta adicional y discriminatorio a un grupo de personas pertenecientes a la clase media emergente – y los consumidores. En el primer caso Uber lo descontaría del dinero que les paga a los choferes, y en el segundo caso lo cargaría al servicio. No se ha inventado aún la forma en que se pueda cobrar efectivamente impuesto a la renta a una empresa que no tiene domicilio fiscal en el país recaudador.

Si, en cambio, conseguimos que esas empresas vengan a Chile, tendremos una recaudación mucho más alta, y se generará una economía del conocimiento alrededor de esas empresas que permitirá a Chile ingresar en la economía digital con pie firme.

Es lo que entendieron países como Holanda e Irlanda. Y les está resultando. Esta sí que es una política pública a favor del desarrollo digital del país. Y una que además le traería al fisco muy buenos ingresos.


Alfredo Barriga Cifuentes

Consultor en Transformación Digital

Profesor UDP

Ex Secretario ejecutivo de Desarrollo Digital

Autor del libro “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”

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