​AMLO Descafeinado y Ganador

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Hermogenes Perez de Arce

Los pueblos chileno y mexicano son parecidos. En ambos hay una inclinación política predominante en favor de la ideas de izquierda, pero también ambos se han dado cuenta de que el mayor bienestar general se alcanza gobernando con ideas económicas de derecha.

En México, Andrés Manuel López Obrador ofreció varias veces en el pasado un programa revolucionario de izquierda y resultó siempre derrotado. Atendiendo a un antiguo mandato proverbial, esta vez se dijo, “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y renunció al izquierdismo económico, prometiendo que no iba a subir los impuestos. Como es obvio, quien no sube impuestos menos expropia, confisca , ni estatiza. Es decir, abandonó el socialismo y se comprometió a respetar el sistema de libre mercado. Y así por primera vez ganó, centrándose en un tema distinto: combatir la corrupción. Es que la gente no quiere que le cambien la economía libre.

Como la mayoría en Chile es parecida a la mexicana, también en la elección presidencial de acá se alejó del socialismo revolucionario y su “retroexcavadora” y por eso perdió Guillier, que se presentaba como continuador del programa socialista emprendido por Michelle Bachelet 2.0, tan distinta a su primera edición 1.0 que “no movió el bote” y le hizo caso a su ministro moderado, Andrés Velasco. Pero como acá también la izquierda es mayoría, de todas maneras eligió a un Congreso mayoritariamente de izquierda. Yo sostengo que en la mochila de todo chileno siempre va una hoz y un martillo, porque la mayoría es socialista de alma, así como Napoleón decía que en la mochila de cada soldado francés iba un bastón de mariscal.

Churchill a su vez decía que para saber cuán mala era la democracia bastaba conversar cinco minutos con un ciudadano común. Pero también decía que la democracia era el peor de los sistemas, si se exceptuaban todos los demás. En ambas cosas tenía razón.

Sea como fuere, en México y en Chile, ambos de mayoría izquierdista, el socialismo económico ha resultado derrotado. Y allá la mejor prueba ha sido que AMLO por fin ganó una elección y lo hizo prometiendo no subir los impuestos.


Hermógenes Pérez de Arce