​Cómo nos afecta el “comercio justo” de Estados Unidos

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Javier Scavia dal p

Las últimas acciones del gobierno del presidente Trump, una seguidilla de anuncios sobre medidas proteccionistas, es decir, aranceles (impuestos) a las importaciones, hacia sus socios geográficos (México y Canadá), así como a China y la Unión Europea, han generado un remezón en los mercados mundiales por la obvia amenaza del comienzo de una guerra, afortunadamente no de carácter bélico, pero no menos inquietante en sus consecuencias al tratarse de un conflicto comercial. Por lo pronto, la primera señal que nos afecta la subida del precio del dólar simplemente por un mecanismo de expectativas. Ante una futura menor demanda de cobre por parte de China, por el menor comercio con Estados Unidos, se prevé una escasez de esta divisa, por lo que los inversionistas demandan más hoy esta moneda antes de que, según ellos, ésta se encarezca.


Desde un punto de vista político no llama mucho la atención el comportamiento del presidente Trump. Con acusaciones que se basan en el robo de propiedad intelectual por parte de empresas chinas, prefiere unilateralmente una amenaza antes que llevar el asunto a cortes internaciones u organismos de comercio y, si bien estamos acostumbrados a las amenazas del presidente norteamericano, esta en particular podría, lamentablemente, cumplirse.


Lo curioso de esto es que las presiones pro proteccionismo que recibe la administración Trump provienen de sectores más bien conservadores con una clara visión de hegemonía de la potencia estadounidense. Sería bueno que recordaran que históricamente grandes potencias de la antigüedad (por ejemplo, Egipto y Roma) propiciaron el comercio y, con esto, no sólo brindaron a sus habitantes un mejor bienestar material sino también les enriquecieron culturalmente.


¿Qué puede hacer Chile ante esto? Lamentablemente no mucho. Somos una economía pequeña y dependiente del comercio internacional y nuestra protección, la anhelada diversificación de nuestras exportaciones, aún no nos llega.


Por último, quizá lo paradojalmente “justo” de una guerra comercial es que todos, todos los consumidores de los países, se verán empobrecidos a costa de las ganancias de los productores locales. Una muestra más de que los nacionalismos no benefician al pueblo, sino a unos pocos (cuya preocupación no es precisamente el pueblo).


Javier Scavia Dal Pozzo

Académico Departamento de Industrias

Universidad Técnica Federico Santa María