​Ante las Propuestas de Reforma de la OMC

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Hector Casanueva Embajador

En América Latina debemos estar muy atentos y alertas frente a las propuestas que están surgiendo de reforma de la OMC y del sistema multilateral de comercio, procedentes de importantes líderes del mundo desarrollado. El presidente de Francia Emmanuel Macron, considerando el clima adverso que vive actualmente el comercio internacional, principalmente por las medidas proteccionistas de Estados Unidos, y la escalada de represalias por parte de los directamente afectados, es decir, China, México, Canadá y la Unión Europea, que pueden derivar en una verdadera guerra comercial, propuso recientemente, en la reunión de la OCDE en París, ir a una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de todo el sistema. Por su parte, Ángela Merkel y el presidente de México, Peña Nieto, coincidieron durante una reunión en Hannover, en la necesidad de fortalecer la OMC y de un nuevo pacto multilateral de comercio, considerando que desde 1994 no ha habido avances multilaterales significativos en la liberalización de los intercambios. La última negociación multilateral fue la “Ronda Doha”, en 2001, llamada también la “Ronda del Desarrollo”, porque se suponía que iba a promover la inclusividad, las oportunidades y el crecimiento del comercio global en términos equitativos, eliminando barreras, proteccionismo y distorsiones, provenientes principalmente de las naciones desarrolladas. Ello no ha ocurrido y ya han pasado dieciocho años.

Consideramos que el llamado que hacen los líderes mencionados es urgente y oportuno, pues contribuye a crear las condiciones políticas para una decisión en este sentido. Debe ser posible poner las cartas sobre la mesa, buscar la armonización de voluntades e intereses y poner un nuevo marco a las relaciones comerciales internacionales, en el que todos se sientan representados, tanto en cuanto al fair play comercial, como en lo que respecta a la solución de diferencias, mediante un mecanismo imparcial en el contexto de la Organización Mundial de Comercio.

En una columna anterior, en estas mismas páginas, señalábamos la necesidad de que, ante una escalada de proteccionismo que revela reales desajustes y desacomodos en el sistema, la comunidad internacional se hiciera cargo de esta realidad, y, sincerando las cosas, vayamos a una nueva negociación comercial multilateral para el siglo XXI, teniendo en cuenta la economía digital y la emergencia de nuevos y potentes actores en el sistema.

No obstante, desde la perspectiva latinoamericana, es preciso levantar la voz y poner una nota de cautela frente a las propuestas surgidas en el mundo desarrollado, que en su finalidad van en la dirección correcta, más no así en cuanto a las formas de implementación que se proponen. En efecto, el presidente Macron plantea para ello una negociación de alcance multilateral entre los grandes actores, Estados Unidos, la Unión Europea y China, que luego se llevaría al G-20, cuyos resultados se supone que se “multilateralizarían”, es decir en la práctica deberían ser aceptados por los 162 miembros del sistema. No me parece que sea el camino. Para eso existen dentro de la propia OMC los mecanismos para ir a una nueva ronda comercial, en la que todos participen y defiendan sus intereses, como es la Conferencia Ministerial de la OMC, que corresponde celebrar el próximo año y que podría comenzar a prepararse en Ginebra desde ya. Y dada la urgencia, tal vez incluso se podría convocar a una Conferencia Ministerial extraordinaria. Es el espacio formal en el que América Latina no queda al margen ni a la espera de decisiones que se tomen en otros contextos.

Nuestra región como un todo debe hacer valer su relevancia y su voz en cualquier negociación que pretenda sentar las nuevas reglas del comercio internacional, y para eso es necesario participar desde el principio. Debemos generar para ello una adecuada concertación entre nuestros países, activando y armonizando ideas, propuestas y posiciones en el marco de los mecanismos de integración existentes. Chile podría legítimamente llevar esta bandera tanto a nivel latinoamericano como global, para evitar acuerdos que no necesariamente tendrían en cuenta nuestra realidad y proyecciones.


Héctor Casanueva

Ex Embajador de Chile ante la OMC, Ginebra