​Acuerdo en el Eurogrupo: Grecia termina su rescate y se reestructura su deuda

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Después de ocho años, un mes y 20 días. De tres programas de rescate y 273.700 millones de euros en préstamos. Después de un referéndum, un default, un corralito y los 162 días de Varoufakis. Tras la pérdida del 40% del ingreso de los hogares, un millón de empleos y el 25% de su PIB, Grecia va a dar por fin carpetazo a sus rescates. En Luxemburgo, el Eurogrupo cerró, al menos sobre el papel, a una de las etapas más negras de la historia reciente. El tercer programa de ayuda, el que se pactó en julio de 2015 tras un semestre que estuvo a punto de romper el euro, expirará formalmente el próximo 20 de agosto. Tras superar una lucha a brazo partido y negociaciones infinitas, los ministros de la Eurozona han dado el visto bueno a la cuarta revisión del programa de ayuda. Tras más de nueve horas de peleas, regateo, los 19 (junto a la Comisión, el FMI y el BCE) acordaron los detalles más importantes: una extensión de los vencimientos de los bonos helenos de 10 años, un periodo de carencia de otros tantos y un último desembolso de 15.000 millones de euros. Un punto medio satisfactorio para Alemania y Holanda, los más reacios en la sala a dar el "sí".

Los ministros consideran que las 88 medidas y reformas que se le exigían a Atenas, las llamadas "prior actions" se han cumplido ya. Que los esfuerzos del país son suficientes. Que las promesas de mantener déficit primario del 3,5% hasta 2022 se respetarán. Que Grecia está lista para independizarse, más o menos. Eso es el discurso público y político. Es lo que llevan días celebrando la Comisión Europea y el Mede. El Eurogrupo y el Gobierno de Alexis Tsipras. "Hoy es un día feliz. Ya no habrá más programas. Grecia ha adoptado más de 450 medidas, muchas más si incluimos otros programas. Desde 2010 es difícil recordar un Eurogrupo en el que no se haya hablado de Grecia", aseguró Mario Centeno. Se abre una nueva etapa. Rindo tributo al pueblo griego por su resiliencia y compromiso europeo. Sus esfuerzos no serán en vano", prometió Jean-Claude Juncker. La realidad es que Grecia, aunque se quita la soga (que ella misma se puso pero sus socios apretaron), seguirá bajo la supervisión de la Troika al menos durante dos décadas. Y no como España, Irlanda o Portugal. A partir de agosto, Grecia estará en "supervisión reforzada", una modalidad que no se ha usado nunca. Mucho más apremiante, con condiciones, más misiones y menos margen de independencia.La noticia es un alivio para Alexis Tsipras, pero está por ver si un éxito. Tendrá que defenderlo en casa como una victoria, como la salida oficial del control desde Bruselas, lo que en buena medida es cierto. Pero tras haber cedido, durante tres años, una y otra vez en todo lo que juró que no haría antes de llegar al poder. "Los plazos de esa vigilancia reforzada los decide la Comisión y cada seis meses evalúan si se renueva. Mi expectativa: pueden ser 18 meses o dos años si las cosas van bien, pero veremos", explica una alta fuente europea. Durante ese periodo, en el mejor de los casos, los 'hombres de negro' irán una vez por trimestre a Grecia. Controlarán de cerca los números y "elaborarán cuatro informes al año mirando cada área. Si algo se sale del carril, informarán. Si un informe es negativo, habrá consecuencia. La regulación permite que le digamos a Grecia que tiene que tomar medidas correctivas, en lo que sea, si es necesario", explica un alto funcionario implicado en la operación. "La vigilancia será respetuosa", prometió anoche el comisario Moscovici.Las misiones de la Troika son obligatorias hasta que el país rescatado devuelva, por lo menos, el 70% del dinero. Y dado el gigantesco paquete de ayuda, que el Mede ha asumido tres cuartas partes de la deuda pública helena, y que parte del acuerdo es una reestructuración de la deuda con todavía más extensión en los vencimientos de los bonos, el control seguirá una generación más. El de ayer fue un Eurogrupo como los de antaño. Lleno de presión, de rumores, de encuentros paralelos, de apartes entre Francia, Alemania y Grecia. "Un día histórico, un momento simbólico en la crisis existencial del euro", coincidieron Moscovici y el responsable del Mede, Klaus Regling. Sobre la mesa, tres puntos: el último desembolso por parte de la Eurozona, la reestructuración de la deuda y las condiciones del postprograma. En 2015 la UE aprobó un paquete de hasta 84.000 millones de euros, pero pronto quedó claro que no sería necesario tanto porque los bancos estaban mucho mejor de lo esperado. Hasta la fecha, el Mede ha desembolsado 47.000 millones de euros, y lo que quedaba pendiente es la cuantía del último tramo. Los países negociaban un pago de entre 11.700 y 21.700 millones de euros, según el diario 'Ekathimerini'. Al final han sido 15.000, una cantidad considerable. De esa cantidad, 3.300 directamente para el repago de deuda, por ejemplo para recomprar el stock en manos del FMI, la más cara y la que más obsesiona a Atenas.

Y el resto para el llamado 'cash-buffer', un colchón de dinero en efectivo de 24.100 millones de euros para que el Gobierno heleno pueda cubrir sus necesidades de financiación los próximos 22 meses, sin presiones. El país ya ha vuelto a salir a los mercados, pero con cautela, pocos importes, letras y pagando intereses altos. Y eso dará un margen lo suficientemente amplio.Las prisas eran notables estas últimas semanas. El 20 de agosto el programa expira, y si el Mede no hubiera desembolsado el dinero éste se hubiera 'perdido' para siempre. Además, dado que algunos parlamentos nacionales tienen que dar su aprobación a la decisión de los ministros europeos, y de que el verano está a la vuelta de la esquina, no había demasiado margen para retrasos. La reestructuración era el tema más sensible. Una quita nominal siempre ha estado descartada (y eso ocasionó la negativa del FMI a participar, al considerar Christine Lagarde y su equipo que es insostenible). El stock heleno, un 180% del PIB, es descomunal, pero la tesis de las instituciones europeas siempre ha sido que la composición de la misma, con largos vencimientos, bajos intereses y que esté casi toda en manos de ellas mismas, hace que el calendario sea más que soportable. "Está claro que Alemania y Grecia son los extremos, la Comisión trata de estar en medio", explica Olivier Bailly, jefe de gabinete del comisario Pierre Moscovici.

El FMI y el BCE, escépticos

En realidad. ni el FMI ni el BCE creen que el acuerdo de la deuda sea lo suficientemente bueno. Y lo dejaron claro: "Creemos que las medidas de la deuda mejorarán la sostenibilidad a medio plazo. Es crítico que Grecia mantenga la senda reformista y una política fiscal sólida. Y damos la bienvenida a la disposición del Eurogrupo a considerar más medidas de alivio a largo plazo si se materializaran desarrollos económicos adversos", señaló Mario Draghi al finalizar la reunión. Una forma tan educada como contundente de decir que, a su juicio, no hay misión cumplida y que el Banco teme que en unos años haya que volver a abordar la cuestión. "Lo que creemos en el FMI es que las medidas anunciadas hoy mitigaran los riesgos de financiación a medio plazo y las perspectivas a medio plazo. Son resultados muy bienvenidos que serán buenos para Grecia y la Eurozona, y tomamos nota de los compromisos de mantener la sostenibilidad y de tomar medidas adicionales si fuera necesario. Eso son salvaguardas por si las asunciones macroeconómicas más optimistas no se cumplen. En el FMI analizaremos la sostenibilidad de la deuda griega en las próximas semanas", zanjó en la misma línea Christine Lagarde, directora ejecutiva del Fondo Monetario. "No tenemos dudas sobre la sostenibilidad, estamos seguros, a medio plazo. Nosotros no usamos una fórmula con el ratio sobre el PIB sino las necesidades de financiación. Miramos a muy largo plazo, hasta 2060, y ahí nuestros análisis sí tiene reservas. Y por eso tomamos buena nota de los compromisos de medidas adicionales si fuera necesario".El problema de fondo es que muy pocos en Bruselas realmente creen que Grecia vaya a ser capaz de valerse del todo por sí misma. "Mi respuesta es que sí, es viable, pero un sí lleno de peros", dice un alto responsable de las negociaciones. La mayoría cree que se ha hecho lo necesario, que se evitó la catástrofe, pero que difícilmente se pueden revertir décadas de gestión política y económica desastrosa. Nadie quiere contemplarlo, y mucho menos ahora que están de celebración. Pero un cuarto programa no es imposible ni impensable. "Sería la opción nuclear", admite la misma fuente. Normalmente son los países los que tienen que pedir los rescates, pero dada esa vigilancia reforzada, que se espera hasta en torno a 2022, y el poder que tienen los 'hombres de negro' de bloquear políticas y exigir cambios si algo se desvía, la oferta y la mano tendida, el optimismo y la colaboración, pueden acabar siendo una puerta trasera para volver a la casilla de salida.(www.elmundo.es)