​Filósofos descarriados

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

Ha surgido en Chile un par de filósofos, me refiero a Hugo Herrera y Daniel Mansuy, aparentemente de simpatías derechistas, que han arremetido con particular agresividad contra otros filósofos o pensadores de tendencia liberal. Uno, como economista, piensa que esa antipatía obedece a la competencia, o sea, al deseo de descalificar a otros con el fin de prevalecer en la mente del público.


Villanos invitados: FPP y Libertad y Desarrollo


El objeto de esta furia son think tanks como Libertad y Desarrollo y la Fundación para el Progreso. No sé si el CEP también está incluido en esta categoría. Explicitó su animosidad Hugo Herrera, en reciente columna en La Segunda, fundamentándola en dos hipótesis. La primera, es que como ambos tienen mecenas (sponsors o financistas), los resultados intelectuales de sus miembros estarían sesgados por los intereses económicos de los que ponen la plata. Es decir, por ejemplo, que Nicolás Ibáñez le exige a Axel Kaiser que le haga propaganda a su complejo turístico. Para hacerla corta, uno diría que fue Axel Kaiser el que por medio de su excelente trabajo en la Fundación, reafirmó los valores libertarios de Ibáñez y lo ayudó en su empeño de transmitir esos valores a los chilenos.

El segundo postulado es que pensadores como Kaiser y similares, no tienen el nivel, perfeccionismo o refinamiento necesario, lo que por default, Herrera y Mansuy seguramente piensan que ellos sí lo tienen.


Pero…¿quién los entiende?


Sin duda, tal aseveración es de suma arrogancia, aunque nos caben serias dudas de que sea efectivo. Como no soy filósofo, ni pretendo convertirme en jurado, solo emitiré algunas opiniones. Partiendo, pueden tener un alto grado de perfeccionamiento académico pero incomprensible para el grueso (y no tan grueso) público. A Axel Kaiser, a la gente de la FPP y la de LyD, los comprendo perfectamente, pero a Herrera y a Mansuy no les entiendo (casi) nada. Presumo que a la mayoría le sucede lo mismo. Por ejemplo, el rating de lectoría, o al menos el nivel de entusiasmo por opinar que generan los comentarios de Mansuy y de Axel Kaiser, ambos columnistas de El Mercurio, están fuertemente a favor del segundo y no del primero. Así por lo menos, se refleja en los blogs del diario. Demás está decir que comparto plenamente los planteamientos de Axel Kaiser, pero no puedo decir lo mismo de estos dos filósofos que comentamos, debido a que para compartir o no, hay que entender, y como no les entiendo, no puedo definir el grado de mis simpatías por sus ideas.


Otros villanos invitados: Vargas Llosa y Hayek


Sin embargo, en medio de sus confusiones, me han quedado dando vueltas, las opiniones despectivas que Mansuy deslizó contra dos pensadores que me merecen el mayor respeto: Mario Vargas Llosa, de reciente visita en Chile. Y de Friedrich von Hayek, manifestadas en entrevista del domingo pasado en Artes y Letras de El Mercurio. La diferencia de tamaño intelectual con estos rivales me hace pensar que Mansuy se cree un David, que está preparado para vencer a Goliath de una sola pedrada. Del primero, me recuerdo que lo trató de liviano y aburrido.

De Hayek, transcribiré algunas críticas vertidas en la entrevista a que hago referencia. Lo califica de constructivista (el que imagina una realidad y la impone, aunque esté a contrapelo del mundo real), pero Hayek fue un enemigo declarado del constructivismo de los intelectuales de izquierda. Lo trata de inmoral porque cree que las reglas que aseguran la sobrevivencia del grupo son las correctas. Entonces naturalmente, todos tenderíamos a ser inmorales, porque queremos sobrevivir. Dice que Hayek minimiza la importancia de la libertad política, cuando fue un enemigo acérrimo de las dictaduras. Aunque, no obstante, deslizó que si alguien tuviera que elegir entre libertad económica o libertad política, como un todo o nada, elegiría lo primero. Porque dejando de lado los eufemismos, es imposible que haya libertad política sin libertad económica, o sea que el Estado decida lo que se debe producir. Y por último, dice que Hayek se equivoca, cuando dice que el mundo se encamina hacia una sociedad abierta. De esto último, basta pensar cuántas dictaduras comunistas pevalecen y cuántas dictaduras quedan en América Latina, para darse cuenta que el mundo evoluciona, sin prisa pero sin pausa, a una sociedad tal como la concebía Hayek.


Enrique Goldfarb

Economista