​Y Ahora: ¿Quién Responde?

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Luis Riveros

Las relaciones laborales han cambiado con relación al esquema de mediados del siglo XX. En éste, con plena vigencia de la guerra fría y de ideologías que alentaban el enfrentamiento entre el capital y el trabajo, se veía a la empresa y al trabajador como dos intereses opuestos. En ese entonces, en medio de un lento cambio técnico y de poca competencia en los mercados, se veía a las ganancias de uno como las pérdidas de otros. De allí el carácter frontal que adquiría el quehacer en la empresa, donde los discursos políticos alentaban el enfrentamiento para así propiciar un camino hacia la igualdad. Muy otra es la realidad del mundo en el actual proceso de globalización. Empresas y trabajadores tienen mucho que madurar como un proyecto común, en que los avances tecnológicos y la competencia en los mercados, demandan que los giros empresariales sean un proyecto que los trabajadores entiendan como uno común. Prevalecen menos desconfianzas, cuando hoy prevalece un nuevo ambiente y los sistemas de información permiten saber exactamente el giro que adquiere la situación financiera de la producción. Los trabajadores son ahora un capital para la firma, en que la misma debe invertir para así afrontar con mayor éxito la exigente competencia. Como en el caso asiático, existen bonos ligados directamente a la productividad, y que hacen que el éxito empresarial sea también de los trabajadores, del mismo modo como las situaciones adversas sean algo que se comparte entre el capital y el trabajo.

El reciente caso de MAERSK es verdaderamente lamentable. El sindicato emprendió una batalla contra la empresa, la cual enfrenta una dura competencia que le obliga a optimizar costos. Sólo obtuvo mayores presiones y poco entendimiento de parte del sindicato. Una empresa seria, de origen danés, que se desempeña en un mercado difícil y gran demandante de innovación y costos competitivos. Resultado: la empresa decidió cerrar, dejando a 1200 familias sin sustento, y la inversión posiblemente se marcha a Perú ¿Quién responderá ahora por este lamentable desaguisado fruto de visiones anquilosadas y perniciosas?