​El lujo de ahorrar

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Leonardo Moreno

No es fácil hacer llamados a ahorrar o pedirle a quienes tienen un trabajo sin previsión que separen una parte de sus ingresos mensuales y la guarden para cuando no haya ingresos. Es muy difícil porque la gran mayoría de los chilenos tiene un ingreso demasiado bajo como para "darse el lujo" de ahorrar. El último informe de la Asociación de Bancos así lo confirma. La gran mayoría de lo que ahorran las familias en Chile, corresponde a la cotización previsional obligatoria, ahorros que no sirven para urgencias. La gran mayoría de los chilenos, por lo tanto, no tiene ahorros a los que echar mano cuando sucede lo inesperado. Vivimos esta paradoja, somos un país que ha superado la pobreza por ingresos para gran parte de la población, pero esa misma mayoría vive en una situación de vulnerabilidad permanente. Ante cualquier shock, como la pérdida del empleo o una enfermedad costosa, las familias pueden perder rápidamente sus niveles de bienestar e incluso caer en la pobreza. La razón del escaso ahorro, sin duda, son los bajos sueldos.

En efecto, pese a cifras cercanas al pleno empleo, tanto la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE como la Encuesta Casen, confirman que la mitad de los trabajadores chilenos recibe un ingreso por su trabajo que no supera los 350 mil pesos mensuales. Más aún, sabemos que 1 de cada 5 trabajadores gana menos de 200 mil pesos, un porcentaje similar obtiene entre 200 y 300 mil, y otro 17,3% recibe entre 300 y 400 mil, donde esta última cifra todavía se sitúa por debajo del valor de la línea de pobreza para un hogar de 4 personas. Entonces, ¿podemos hablar de ahorro?

Por el contrario, las familias necesitan endeudarse para poder satisfacer necesidades básicas o financiar algún tipo de desarrollo. Un crecimiento económico sin una mejora en los estándares laborales (nivel de sueldos y formalidades) no surtirá efecto y seguiremos con la altísima vulnerabilidad que tenemos (cercana al 50% de la población). Por otra parte, muchos compatriotas con trabajos precarios, son los mismos que no tienen acceso al mercado financiero y por lo tanto, quedan excluidos del sistema por completo.

En este sentido, se reafirma la idea de que el crecimiento económico por sí sólo no es capaz de superar la pobreza. Tiene que ser un crecimiento sustentable social y ambientalmente y complementario con el perfeccionamiento y fortalecimiento constante de políticas sociales eficaces, pertinentes y con mirada territorial, que no solo traten de resolver carencias, sino que establezcan oportunidades reales de desarrollo.

Hoy en nuestro país las políticas sociales se diseñan y ejecutan, más allá de los gobiernos de turno, con un marcado rol subsidiario que se traduce en una acción secundaria del Estado ahí donde el mercado no provee determinadas prestaciones sociales. Tenemos un problema real con el nivel de ingresos de los trabajadores y todos los sectores deben hacer un esfuerzo de justicia social si de verdad queremos acercarnos al desarrollo.

Algunos están convencidos de que la mejor opción de desarrollo se centra solo en el crecimiento económico. Sin embargo, tales convicciones no necesariamente se ocupan de las consecuencias de la mala calidad del empleo ni de los claros antecedentes que existen respecto del crecimiento sostenido en un marco de altísima desigualdad. Y ese es el otro gran obstáculo que no nos permite dar el salto al futuro. 


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza