​¡Los Niños Primero!

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Luis Riveros

Nuestra sociedad debe avergonzarse por su conducta reprochable hacia la niñez. Le brindamos mala educación, preocupada más de formalismos burocráticos que de formar verdaderos ciudadanos y personas de bien. Descuidamos especialmente la educación preescolar, aquella más decisiva para el éxito en la educación posterior y en la vida. Le brindamos un sistema educativo que no iguala oportunidades y que relega a los más pobres a seguir siendo lo mismo que sus padres y abuelos. Acallamos nuestra conciencia al dar preferencia a la educación superior, con una gratuidad a costa de recursos que deberían servir para una mejor y más igualitaria educación temprana. Le otorgamos pésimos ejemplos al permitir que los medios de comunicación destaquen lo más negativo como “noticias” por medio de las cuales los niños aprenden que el delito es un camino permisible. Y cuando los niños más pobres de todos, aquellos que sufren de abandono y mala vida con sus familias son derivados a un servicio del Estado para su protección, caen en manos de algo tan nefasto como el SENAME. Allí, les espera el maltrato y hasta la muerte, que nunca es siquiera adecuadamente investigada y menos castigada, ocultando las deficiencias del servicio, de las autoridades y de la propia justicia. Los niños viven inseguridad en las calles y observan allí diariamente el mal ejemplo, especialmente los que viven en sectores vulnerables, familiarizándose tempranamente con la droga, el alcohol, la violencia y la muerte. Niños prácticamente abandonados por sus familias, todas dependiendo de la estrechez que obliga a subsistir con el esfuerzo que conlleva el abandono infantil y juvenil. Y permanecemos indiferentes ante al pavoroso escenario social que estamos construyendo para las próximas décadas. Somos una sociedad culpable; sin incriminar específicamente a familias, escuelas, sistema público, servicios de seguridad, justicia, etc. Somos todos culpables de esta verdadera aniquilación del futuro. Los ¡niños primero! debe ser más que una frase convincente; debe ser un compromiso nacional a sostener por las próximas décadas.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile