​Ideologías y Desarrollo

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Enrique Goldfarb

En su columna de El Mercurio, al día siguiente del mensaje presidencial, el rector Carlos Peña deja la idea de que la alocución de Sebastián Piñera se ensombreció por centrarse demasiado en el desarrollo económico, criticando que esa es la única arista que al mandatario le importa. Coincidió en esto el senador PPD, Harboe, quien manifestó que el discurso fue de un “simplismo ideológico preocupante”. Sin embargo, a mí me pareció oír mucho más. Por ejemplo, de la necesidad de unidad de los chilenos, de cooperar entre nosotros, de los niños que se degradan en el Sename, de la delincuencia, de la salud y de la educación, y por supuesto, de cómo recuperar el crecimiento, debilitado gravemente en el anterior gobierno.

A pesar de que el presidente hizo ver cómo el desarrollo económico permite mejores niveles de vida y más tiempo para las personas y sus familias, amén de que se encargaría que sus frutos llegaran a todos, esto no pareció hacer mella en ellos. Es decir, la libertad de todos y cada uno, que el desarrollo económico hace posible, parece no ser entendido ni por el rector, ni por el senador, ni por muchos otros que piensan que el discurso pecó de liviandad.

Derechamente, echan de menos la ausencia de ideología, para ellos, el plato fuerte de todo gobierno. Sin embargo, cuando se miran los gobiernos cargados de ideología, lo menos que hace uno es entusiasmarse. Hitler, Stalin, Mao, Fidel, Maduro, son ejemplos muy claros de gobiernos ideologizados, pero sus resultados resultan pavorosos. Un gobierno no tiene porqué entregar todo, sino más bien los medios para que las personas encuentren lo que más quieren y necesitan. Con libertad, y con el desarrollo que la hace posible, uno puede buscar o conseguir espiritualidad e ideología, además de satisfacer todas las necesidades. En cambio, con ideología, como fue en cierta medida, el gobierno anterior, uno se queda solamente con la ideología, y la libertad y las holguras económicas pasan al olvido.

Enrique Goldfarb