​¿Acoso Folclórico?

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Luis Riveros

El danzante varón acosa en forma indisimulada a su pareja femenina. Haciendo ondas en el aire con su pañuelo blanco, la persigue en los movimientos en que ésta trata de esquivar la arremetida del macho que se cierne sobre ella. Emula en forma indisimulada el cortejo del gallo a la gallina, simbolizando de modo explícito la persecución que el macho predispone sobre la hembra, como es natural y acostumbrado entre muchas especies del reino animal. En el baile, ella coquetea con sonrisas y ocultando su rostro bajo un pañuelo colorido, mostrando parte del encanto femenino en que la atracción mutua va cediendo paso a las sonrisas y a la complicidad. No es necesario ser folclorista para apreciar este acto maravilloso, en que la música acompasada marca los pasos certeros que siguen la melodía que refleja la atracción y se constituye en un símbolo de amor, mutua atracción y respeto. Y luego, viene el zapateo furibundo en que el macho se desplanta golpeando fuerte en el piso de punta y taco, imitando también al gallo que se cierne decidido sobre la hembra acosada. Ella responde, casi sumisa, con más tímidos zapateos que siguen el juego planteado por el macho, como una manera de expresar su disposición amorosa. En muchos otros bailes típicos se da lugar a esta manifestación en que un macho va simbólicamente tras la hembra para obtener su amor. En la cueca chilena, el asunto termina del brazo, como una forma de simbolizar que el acoso ha sido exitoso, y que el amor reinará sosteniéndose como un acto de vida.

En vista de los actuales debates, no es impensable que se proponga prohibir la cueca chilena por constituir un acto que simboliza el acoso. Conceptualmente podemos llegar hasta esos límites, planteando a la cueca como una demostración del sexismo en el folclore, símbolo de la sociedad patriarcal que hemos generado y de la continua dominación del hombre hasta en las formas culturales más básicas. ¿Estaremos llegando a estos extremos? ¿Estaremos exagerando un tema que debe restringirse a actos claramente reñidos con la ética y con la ley, pero no necesariamente con el respeto y la tradición? Un debate que necesitamos con urgencia.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile