​Respeto, con mucho respeto

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Javier Scavia dal p

Si bien la economía de los textos básicos hace hincapié en la felicidad basada sólo en paradigmas individualistas, no es difícil extender estos conceptos a situaciones que den cuenta tanto de la envidia como del altruismo. Particularmente este último aspecto tiene una sutil lectura que puede enriquecer la discusión que nuestra sociedad está teniendo respecto de los derechos de las mujeres.

Preocuparse o mejor aún, gustar del bienestar de otro, representa una conducta deseable cuando se vive en sociedad pues refuerza los vínculos que hacen crecer el capital social; sociedades en que los individuos confían unos en otros indudablemente nos hace pensar en un aspecto fundamental del desarrollo y de cómo algunas sociedades resisten mejor las crisis que otras. Lamentablemente nuestra educación está sesgada a que este tipo de comportamiento se aliente al interior de grupos pequeños (partiendo por la familia, grupos de amigos, comunidades religiosas). No es común que se nos eduque en preocuparnos por un desconocido y, lamentablemente, si este desconocido es mujer, los largos siglos de cultura machista hacen que este descuido se exacerbe, llegando al punto de cosificar al género femenino.

Pero más allá del debate machismo-feminismo, existe a mi juicio un concepto más fundamental y que pareciera permear a un sinnúmero de problemas similares, tales como el bulling, la delincuencia y el maltrato infantil o hacia los adultos mayores. Este concepto es el de respeto, respeto en el sentido más amplio de su acepción. Claramente este concepto no lo hemos sabido más que transmitir en un sólo sentido vertical (de subalterno a un superior, persona menor a una mayor), estando ciertamente como sociedad al debe en su bidireccionalidad y en su horizontalidad. Por ejemplo, el respeto debe existir del profesor al estudiante (no burlándose de sus preguntas), del estudiante hacia el profesor (no distrayéndose con su celular cuando se le da una explicación), y por cierto, de un estudiante hacia sus pares. Creer que es posible afectar negativamente a un par (sin ninguna consecuencia), habla de que no existe en la mente de quien lo hace una relación de paridad, más aún, me atrevería a decir que el que comete el abuso se siente en una (ilusa) posición de superioridad.

¿Dónde y cómo enseñar el respeto? Es una pregunta relevante no sólo para la deuda con el género femenino, es relevante para nuestra sobrevivencia como sociedad y como residentes transitorios del planeta que habitamos.


Javier Scavia Dal Pozzo

Académico Departamento de Industrias

Universidad Técnica Federico Santa María