​En un País Feminista

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Hermogenes Perez de Arce


Si usted es un hombre blanco, heterosexual y más encima normal, como es probable que lo sea, hoy no puede ganar. Cualquier cosa que haga o diga será usada en su contra. Sólo un militar tiene menos derechos que usted.

En la sociedad feminista todo lo que un hombre pueda hacer o decir fundado en la realidad de las cosas, el sentido común o el tenor literal de las leyes, es machismo. Si usted gana más porque falta menos al trabajo es un abusador. Si usted es más sano y por eso se ausenta menos y recurre menos a su seguro de salud y le paga menos a la isapre, bueno, ahora deberá pagar más para que las mujeres, que se ausentan más y recurren más a la isapre, puedan pagar menos.

Si ellas, por las mismas razones, faltan más días al trabajo y por eso tienden a tener sueldos más bajos que el suyo, bueno, eso se va a terminar y las remuneraciones deberán igualarse. Y como la competitividad imposibilita que “todos y todas” ganen más, adivine: todo terminará en que usted va a ganar menos para que “todos y todas” sean iguales.

Cuando los hombres mandábamos había una mujer muy sabia, la Reina Victoria, que aconsejaba resignación a las mujeres, entonces sumisas. A una joven que había sido elegida como cónyuge por un sujeto poderoso, al cual no quería, pero a quien era políticamente conveniente complacer, Victoria sabiamente le aconsejaba:

“Cierra los ojos, abre la piernas y piensa en Inglaterra”.

Hoy en Chile es al revés. Cualquier demanda feminista debe ser aceptada. Si usted la rehúsa, puede ser acusado de machismo o acoso y, en el peor de los casos, de violación.

Si un grupo de mujeres, sobre todo si vienen con el torso desnudo, le formula exigencias, cualesquiera que sean, acceda. No diga, no toque ni mire nada, aunque valga la pena, porque irá preso. El hombre normal hoy en Chile es presumido culpable aunque pruebe su inocencia. Si es abordado por ellas, levante los brazos, cierre los ojos, diga a todo que sí y piense en Chile.



Hermógenes Pérez de Arce