​El difícil acceso a los mercados

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Leonardo Moreno


En una sociedad con economía de mercado, este tiene la función de proveer bienes y servicios a la mayor parte de la población. El Estado, dependiendo de las convicciones del gobierno, ocupará un rol más o menos activo (promotor de derechos sociales; o subsidiario del mercado cuando este sea incapaz o no se muestre interesado en proveer determinadas prestaciones). Sin perjuicio de que el país ha asumido ante la comunidad internacional y sus propios ciudadanos, el compromiso respecto de determinados derechos básicos, hasta la fecha seguimos entregando la provisión de servicios con lógica de mercado (subsidio a la demanda).


No obstante, en Chile esta forma de funcionamiento subsidiario de las políticas sociales no ha funcionado bien para diversos sectores que requieren urgentemente de bienes y servicios fundamentales. Hay, al menos, dos razones: nuestra enorme desigualdad (entendida como la acumulación inmerecida de desventajas sobre algunas personas) y la naturaleza misma de los negocios.


Dos ejemplos permiten constatar lo anterior: un servicio y un bien, la salud y la vivienda.


En el primer vaso, un estudio de Fonasa dado a conocer recientemente demostró que a más de la mitad de la población que cotiza en isapres, en realidad le convendría más estar en el mismo Fonasa y eventualmente pagar un seguro privado complementario. Otro estudio reveló que el gasto de bolsillo en medicamentos es una carga financiera importante para los hogares, sobre todo en regiones. Entonces, ¿por qué muchas personas prefieren pagar los altos costos de los planes de isapres? ¿Por qué el mercado implementa exitosamente estrategias de marketing y entrega sensación de protección? o bien ¿por qué el sistema solidario de salud es objetivamente peor y los servicios públicos no dan abasto? ¿O será por una cuestión de aspiraciones socioculturales? ¿O por todas las anteriores? Las respuestas no son de poca importancia, ya que ellas debieran procurar la mejora sustantiva de servicios que velan por los derechos a la vida y la salud de la población.


Veamos el caso de la vivienda. Un estudio del Observatorio de Ciudades de la PUC y la empresa Inciti, muestra que más de la mitad de los hogares en Santiago no puede acceder al mercado de viviendas nuevas pues sus ingresos no califican para obtener un crédito hipotecario, dados los bajos sueldos y los crecientes precios de casas y departamentos. De esta forma 1,2 millones de hogares obtienen una renta menor a $655.443 la que no es suficiente para adquirir un crédito complementario al subsidio habitacional que entrega el Estado para comprar la vivienda más barata financiable con ese mecanismo (alrededor de UF 1.214).


Esta gran exclusión provocada por el desequilibrio entre mercado y rol del Estado (mercado laboral, deficiente planificación urbana, legítimos intereses de bancos e inmobiliarias) no logra ser revertida desde las políticas habitacionales, incumpliendo en parte, la función para la cual existen: permitir el acceso a un bien básico en condiciones. Paradojalmente, la lógica de mercado, particularmente "el mercado del suelo" obstaculiza el propio auxilio del Estado, reproduciendo una y otra vez, ciudades y barrios segregados.


Que las viviendas estén a precios inalcanzables para un sector muy importante de las familias del país, que el alto valor de los medicamentos afecte tanto el presupuesto mensual o que se pague más del 7% en salud para estar en una aseguradora privada, son ejemplos de que hay bienes y servicios fundamentales para el desarrollo humano que no pueden estar expuestos a las fluctuaciones del mercado, por las propias lógicas de éste (lucro, competencia, racionalidad, marketing) y porque habitar con seguridad e integración así como poder sanarse, son derechos humanos que deben ser garantizados por el país para todos sus habitantes. ¿Significa ello negar el rol imprescindible del mercado en la sociedad, incluso en la provisión de bienes y servicios? En lo absoluto. Se trata más bien de tener mejores políticas públicas, que asuman el rol del mercado en sus aspectos positivos y también en sus efectos negativos y excluyentes a la hora de generar oportunidades y autonomía en las personas, en un país marcado por una elevada e injusta acumulación de desventajas sobre muchos de los nuestros.



Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza