​Ópera de tres centavos

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Enrique Goldfarb


Se han acentuado las críticas de la oposición en los aspectos más pequeños y sin importancia que es dable imaginar, pequeñez que resalta más aún por el tiempo y espacio que han tomado en los medios. Lidera la caja de resonancia el canal CNN, el que trata de -pero no consigue-aparecer como un medio imparcial, ya que no simpatiza para nada con el gobierno actual. Como diría Trump, el canal de las “fake-news”, que se dio el lujo de sacar a Fernando Villegas del programa Tolerancia Cero, el menos sesgado de sus panelistas.

Lejos de poder rearmarse en algo sensato y que haga patria, la oposición, donde el que ha brillado más por su estridencia es el PS, ha gastado ingentes esfuerzos en demostrar que el nombramiento de Pablo Piñera como embajador en Argentina sería una de las mayores aberraciones nacionales, y que el viaje de Felipe Larraín a EEUU para dar un seminario en la Universidad de Harvard, con un costo de 5 millones de pesos, es un desfalco al erario público, del cual, parecieran insinuar, ellos han sido los más celosos guardianes de su buen uso. Recordábamos hace poco que endeudaron al país al más alto ritmo que se tenga historia y de yapa, comprometieron recursos adicionales por US$ 5 mil quinientos millones. Para no mencionar viajes y representaciones de dudoso destino.

Columnistas destacados han señalado esto como errores no forzados y que empalidecen la gestión gubernamental. Lo que lo pone pálido a uno es el hecho que solo hayan reparado en estos hechos que ni siquiera dan para noticia, sin dar a conocer los avances que se están haciendo en distintos campos y el espíritu de trabajo serio que anima al equipo que nos gobierna. Una agenda pro- inversión, para salir de innumerables trabas que impiden que los inversionistas apuesten por el futuro. Sacar las barreras del peaje que forman tacos en las carreteras, gratuidad en la educación técnica, nueva ley de pesca, nueva ley para abaratar los remedios, nueva ley de isapres. Ximena Rincón dijo estar dispuesta a colaborar, pero que el gobierno no estaba haciendo nada en materia legislativa. Al parecer no ha visto el abundante material que tiene para ayudar.

La guinda de la torta la puso el último chisme pelando al Presidente, que había gastado $8 millones en una TV ultramoderna. ¿Esperaban quizá que el Presidente trajera una de su casa? Y por qué no se compra su propio avión para ir a reuniones internacionales, ya que las disfruta tanto que no pueden ser parte de la pega. Y uno diría, por qué no se trae el cocaví de su casa para no usar platas fiscales en su almuerzo.


Enrique Goldfarb

Economista