​Gobierno Corporativo y Sindicatos

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Harald Ruckle


La reciente huelga de Latam Express y su extraño desenlace nos revela un gran potencial para mejorar las relaciones laborales y lograr un mayor desarrollo del país.

La existencia de los sindicatos se remonta a la época de la revolución industrial, y al entonces innegable desequilibrio del poder de negociación entre trabajadores y dueños de empresas. Desde sus orígenes, el movimiento sindical ha tenido un propósito práctico de mejorar las condiciones laborales específicas de una empresa o industria, y también una identificación política; con un peso relativo de esas motivaciones variante según el país y momento.

¿Hay necesidad de sindicatos hoy día? En un mundo ideal, la respuesta no es obvia. El gobierno corporativo de una empresa, en manos del directorio, debería identificar su fuerza laboral como un stakeholder (grupos de interés y/o influencia) muy relevante y cubrir sus necesidades sin esperar presiones o amenazas sindicales. A plazos mayores, pensar y actuar en favor del bienestar (material, físico y emocional) del personal trae frutos para la empresa, sus accionistas, sus empleados y los demás stakeholders.

Sabemos que no vivimos en un mundo ideal, es más, nos cuesta movernos hacia ello. ¿Por qué? No se percibe la recién mencionada convergencia de intereses entre “el capital y el trabajo”. Podemos encontrar una causa importante de esta falta de visión en los horizontes de tiempo utilizados para la toma de decisiones. Plazos mentales muy cortos llevan a decisiones, valga la redundancia, cortoplacistas; valido para ambos actores, empresarios y trabajadores. “Hay que agarrar lo máximo mientras se pueda”. La volatilidad esperada del entorno juega un rol importante. Con mayor incertidumbre, mayor el incentivo de maximizar los resultados de corto plazo.

Dicho todo eso, es probable que los directorios de las empresas tienen una cuenta pendiente de ampliar su visión en pro de considerar en serio sus stakeholders importantes; además de entender que los sindicatos existen y parece inteligente de verlos, no como enemigos, sino como un canal de comunicación y construcción del futuro.

Los sindicatos también pueden contribuir en gran medida a un mayor entendimiento beneficioso para las partes. Poco se escucha del Gobierno Corporativo de un sindicato. Los “gerentes” de un sindicato suelen ser simultáneamente sus “directores”. ¿Cuáles son los órganos de conducción y control del sindicato? ¿Cómo se aseguran y se evalúan las competencias técnicas y cualidades personales de los gobernantes? ¿Cómo se evitan los abusos y capturas por intereses personales de los líderes de un sindicato, en contra de los intereses de sus afiliados? ¿Hay debates constructivos y participativos? ¿Auditorías, reglas y revisiones de comportamientos?

El rol de los asesores sindicales debería ser transparentado, ya se frecuentemente se ven personajes que privilegian su ideología política por encima de una mejora sostenible para los miembros de la organización sindical. No puede ser que no haya asesores que entiendan el modelo de negocio de la empresa específica, y por lo tanto pueden recomendar peticiones factibles a negociar. Si se piden cosas que pongan en peligro la sobrevivencia de la empresa, se la hacen fácil para la contraparte decir “no”. En general no se ven contrapesos al poder de la cúpula sindical, lo que igual como en una empresa, o en cualquier institución, tiene un riesgo muy alto de concentrar las decisiones en pocas personas; las que pueden tener agendas personales, en desmedro de la organización que supuestamente representan.

Hay tareas para ambos, para los gobiernos de las corporaciones y de los sindicatos. El poder debe ser administrado apropiadamente. Los principios transversales deben ser transparencia, rendición de cuentas, integridad y división de poder.



Harald Ruckle

Chartered Director del Institute of Directors UK