​Kaiser-Vargas Llosa

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Hermogenes Perez de Arce

Axel Kaiser se la puso fácil a Vargas Llosa, pero éste “no le aceptó” la pregunta, que era “¿dónde es mejor vivir, en un país como el Chile de los ’80 bajo Pinochet o en la Venezuela de hoy bajo Maduro?” La respuesta obvia se caía de madura.


Es que había un “problema político”: si Vargas Llosa respondía debía reconocer que era mucho mejor vivir en un país que pasaba a la cabeza de América Latina, superaba antes que el resto del hemisferio la “crisis de la deuda”, disminuía la inflación y tenía un desempleo de 5% en enero de 1990, tras crecer más de 10% en 1989 y elegir democráticamente un nuevo gobierno; y que, si no hubiera sido por los atentados del brazo comunista FPMR, habría gozado de completa tranquilidad, en vez de vivir en un país como Venezuela, con escasez de artículos esenciales, violencia callejera, con presos políticos, hiperinflación del 14 mil por ciento anual y un dictador, Maduro, gobernante socialista fracasado que quiere perpetuarse. ¿Cómo no iba a ser mejor Pinochet, que se sometió a votación y dejó el poder cuando fue derrotado? No había dónde perderse.


Pero si Vargas Llosa decía la verdad tenía que someterse a una “capotera” mundial de la izquierda. A lo mejor le quitaban el Nobel. No se rían: a Borges no se lo dieron exclusivamente por elogiar a Pinochet.

Pero la gente, aparentemente, aplaudió la “no aceptación” de Vargas Llosa. Digo “aparentemente”, porque un asistente al foro me informó que sólo una minoría aplaudió. Si hubiera elegido la concurrencia, como sugirió Kaiser, es probable que el Pinochet de los 80 hubiera ganado por paliza.


El escritor peruano nacionalizado español es “políticamente correcto”, condición que le impide contestar preguntas incómodas como la de Kaiser. Pero al final fue éste quien tuvo que contemporizar y dar explicaciones, como lo hacen casi todos cuando deben inclinarse frente a la consignas de la izquierda.


Es que una ley de la política dice que, en un mundo de opinión dominado por la izquierda, uno no debe ser sorprendido diciendo la verdad, so pena de ser crucificado.


Hermógenes Pérez de Arce