​Y la economía del conocimiento, ¿cuándo?

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Alfredo Barriga

En su discurso en Argentina, el Presidente Piñera hizo al final una propuesta para que ambos países trabajen conjuntamente en enfrentar la revolución tecnológica que ya está aquí. Es ya parte de su relato. Una vez más, los medios de comunicación le prestaron escasa o ninguna atención al tema, como tampoco lo hace la clase política, ni el empresariado, ni la academia.


Quizá sea necesario poner este tema como una sexta prioridad nacional. Efectivamente, se requiere de una estrategia de transformación digital y de desarrollo de nuevas tecnologías, que son la base de la economía del conocimiento, la que a su vez es la que está tirando del carro de la economía mundial. Se escucha cada vez más decir que, como país, no podemos seguir basando su economía en las materias primas. La realidad es que seguimos haciéndolo.


La energía solar, el litio y el cobre definitivamente están dentro de la economía del siglo 21, de la mano de la generación de energía y de la electromovilidad. Y estamos haciendo grandes inversiones… pero en el sector de materias primas: captación de energía solar, nuevos yacimientos de litio, más toneladas de cobre. La verdadera creación de valor agregado debería venir sin embargo de la fabricación de celdas solares apropiadas para la radiación de nuestro desierto, de centrales de litio para almacenamiento de megavatios de electricidad producida por esa radiación, y de productos más terminados basados en el uso de litio y cobre, como son las baterías.


Falta el impulso público-privado que gatille nuestra propia revolución tecnológica. Que nos haga invertir en inteligencia artificial, Internet de las Cosas, computación en la nube, blockchain, big data, robótica avanzada… todas tecnologías demandantes de mayor talento, de mejor formación. Ya es un dato que se crearán mejores empleos y se destruirán muchos empleos actuales. ¿A qué esperamos?


Los fondos para la innovación de CORFO deberían focalizarse en estos desafíos. Los dineros del SENCE deberían focalizarse en preparar a nuestros trabajadores para esos puestos de trabajo. Las platas para educación superior deberían financiar gratis solo aquellas carreras vinculadas al siglo 21. ¿Qué sentido tiene invertir dinero de todos los chilenos en carreras que no van a ser demandadas en poco tiempo más? ¿Crear alumnos frustrados? Es lo que pasará, aunque se les financie el 100% de su educación superior.


El actual gobierno puso cinco prioridades. Para ser consecuente con lo que el Presidente dice en sus discursos, debería existir esa sexta prioridad: generar la transformación digital de Chile y desarrollar una economía del conocimiento, que absorba los trabajos que se van a perder a la vez que incremente el PIB per cápita y mejore la distribución del ingreso.


Alfredo Barriga Cifuentes


Consultor en Transformación Digital


Profesor UDP


Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”