​La (des)herencia del gobierno anterior

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Javier Scavia dal p


El (no) sorprendente anuncio del Ministro de Hacienda referente a gastos comprometidos sin financiamiento, por más de 5.500 millones de dólares (hasta el 2021), abre un viejo debate que tiene que ver con el compromiso entre eficiencia, baluarte en general de los gobiernos de derecha, y equidad, más asociado a los de izquierda. También refuerza un par de hechos importantes y que son transversales al color político del gobierno de turno, estos son, el rol de las expectativas y de los incentivos en las decisiones.


¿Por qué importa un abultado gasto sin financiamiento? Importa pues implica aumento del déficit fiscal y, si bien las consecuencias de esto a corto plazo pudiesen parecer lejanas (por ejemplo, un deterioro en la calificación riesgo país), significa endeudamiento más caro para las futuras generaciones.


Por otro lado, las asociaciones derecha-eficiencia e izquierda-equidad no representan más que un arquetipo vetusto y que se condice muy poco con las recomendaciones de la economía. Si bien la eficiencia es siempre deseable (“no despilfarrar”), está altamente documentado los efectos adversos de la falta de equidad, entre ellos, la generación de un clima inestable y poco favorecedor a las inversiones. El problema como siempre es mantener un saludable equilibrio, asunto no trivial para un gobierno que está sometido a presiones de toda índole.


Por último, ¿por qué comprometer gastos sin financiamiento? La respuesta a esto quizá se halla en la combinación de los dos últimos elementos mencionados al principio: expectativas e incentivos ¿por qué un padre querría hoy endeudarse, por ejemplo, por matricular a su hijo en un colegio cuya matrícula no puede solventar? Tal vez porque tiene expectativas que en un futuro no muy lejano sus ingresos aumenten. Así, un gobierno podría comprometer gastos no financiado contra futuros mayores ingresos. Lo malo de esto es que las expectativas pueden fallar y que éstas abarcan también, obviamente, el deseo de continuismo en el poder. Acá se presenta el elemento de los incentivos, comprometer gasto social es siempre rentable en términos políticos. Más aún, gastos no sociales pero que pueden redituar políticamente podrían ser implementados. No es de extrañar entonces que en lo último de la administración anterior se haya contratado un gran número de personas en la administración pública.


En definitiva, el hecho no es sorpresa. Lo que sí es sorpresivo es el monto del gasto. Esto puede sugerir las medidas desesperadas de una administración por aferrarse al poder y que, para mal de nuestra región, tenemos muchos ejemplos.


Javier Scavia Dal Pozzo

Académico Departamento de Industrias

Universidad Técnica Federico Santa María