​Extrema izquierda cara

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Hermogenes Perez de Arce

En mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”, de 2008, calculé, fundado en publicaciones de prensa no refutadas, que el fisco había pagado a la guerrilla de izquierda derrotada en 1973 unos 2.400 millones de dólares desde 1990. Por el solo concepto de pensiones a terroristas derrotados y su entorno eran 215 millones de dólares anuales, más salud y educación gratuitas.


Después Lagos creó la Comisión de Prisión Política y Tortura, muy expedita, pues despachaba 130 casos diarios y dio pensiones a cerca de 30 mil personas, que entonces añadieron otros 80 millones de dólares anuales para beneficio de la extrema izquierda. Porque los detenidos e interrogados eran sospechosos de ser autoras, cómplices o encubridoras de acciones terroristas. Profesionales, empleados u obreros dedicados al trabajo honrado no eran detenidos.


Con ese nuevo antecedente yo empecé a hablar ya de unos 400 millones de dólares anuales que el fisco debía destinar a indemnizar a la extrema izquierda por habérsele impedido tomar el poder por las armas. Claro, se había producido después de 1990 una “trasmutación” de los totalitarios en demócratas, de los victimarios en víctimas y de los agresores en agredidos.


Todavía después vinieron los “exonerados políticos”, con pensiones que van de 130 mil a un millón de pesos. Son 160 mil. Calculando a partir de las pensiones más bajas, se llevan ellos solos otros 400 millones de dólares fiscales al año. Y cada cierto tiempo hay bonos anuales de 90 mil millones de pesos (150 millones de dólares) como el que venía en el Presupuesto de 2018, que el gobierno entrante mandó retirar porque no contemplaba financiamiento.


Se ha dicho que las pérdidas del Transantiago han sido, un año con otro, de 600 millones de dólares en cada ejercicio, pero sólo desde 2007. En cambio, los desembolsos para la guerrilla de izquierda y su entorno, que empezaron mucho antes, hoy ya son un 50% mayores anualmente que el subsidio al Transantiago: US$400 millones originarios, US$400 millones para exonerados y bonos periódicos de US$150 millones.


Nuestra extrema izquierda no será la mejor del mundo, pero seguro que es la más cara.


Hermógenes Pérez de Arce