​¿Error de Larraín?

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Enrique Goldfarb

El ministro de Justicia, Hernán Larraín, acaparó las noticias de la última semana al aseverar que "la mayoría de los jueces son de izquierda”. Al igual que la gente que sigue diciendo que se equivocó, yo también al principio pensé que había cometido un error no forzado, aquellos que se cometen en tenis cuando nadie te apura. Pero no es que yo creyera que no es así, sino que porque entorpecería la labor del Presidente Piñera al tratarse de una afirmación políticamente incorrecta o porque tendría problemas, incluso en su propio trabajo, para atraer consensos.


Pero pensándolo mejor, cuando hay que llegar a acuerdos es bueno fijar su propia posición y si se hubiera hecho el leso, aparentando que creía a pie firme que los magistrados sólo piensan en la Constitución al momento de fallar, no llegaría ningún lugar. Es cosa de pensar que el objetivo más querido por Bachelet era reemplazar la Constitución por una socialista, de modo que la lealtad de la gente de izquierda seguramente se refiere a aquella hipotética ley suprema que sería dictada al momento de continuar en el gobierno. Porque tenemos una sensación en contrario y es que la justicia mayormente ha operado para condenar a gente de derecha. Y también a gente DC, o de izquierda que le resultaba molesta a la elite de izquierda. De la izquierda solo estuvieron por las cuerdas MEO -el díscolo- y Fulvio Rossi. De la DC varios, pero hay que tener en cuenta que para la izquierda, la DC no es netamente de izquierda, de modo que podía redituar que cayeron algunos de ese sector.


De otro lado, el mecanismo de designación de los jueces deja, en último término, en manos del ministro de Justicia, leal al gobierno, los nombramientos de los jueces. Y como dijo el mismo ministro, en los últimos 28 años hemos tenido 24 de gobiernos de centro izquierda y 4 de centro derecha, de modo que es fácil imaginar adonde se inclina la balanza. Y que por el bien de la misma justicia, hace falta un “neteo”, alusión del mismo Larraín, porque los de centro derecha no tienen por qué tener menor inclinación por la justicia que los de izquierda, y si hay hueco de unos para el amor a su Constitución, lo mismo sucede con los otros, claro que acá se trata de la carta magna vigente.


De modo que, desde esta humilde columna, doy mi apoyo al ministro Larraín, y hago votos para que, por medio de su gestión, tengamos finalmente, como él mismo se comprometió a intentar, una mejor justicia.


Enrique Goldfarb

Economista