​Los aranceles de Trump y Uber en Chile

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Harald Ruckle

¿En que se parecen los aranceles de Trump a la insistencia de prohibir los servicios de Uber en Chile? Ambas iniciativas aducen que deben protegerse las víctimas de una competencia supuestamente desleal, por parte de actores “afuerinos”. Ambas son objetadas por economistas liberales que argumentan que impedir la libre competencia dañará al progreso económico y, como consecuencia, al bienestar material de la población en general.


¿Quién tiene el mejor argumento?

Para empezar, la respuesta depende si viene de alguien afectado o no-afectado. Si Usted es un taxista tradicional que hace poco pagó 10 millones de pesos por un cupo, encontrará muy injusto, con algo de razón, que cualquier “civil”, sin desembolsar este considerable monto, pueda operar un “Taxi Uber”. Si Usted es un operario de una planta de acero en el medio-oeste de Estados Unidos, quien ha visto como se han reducido los puestos de trabajo en su industria, aplaudirá al señor Trump.


Por el contrario, si Usted es cliente de los servicios de transportes individuales, o usuario de acero, directo (una constructora, por ejemplo) o indirecto (todos que viven en edificios de hormigón, por ejemplo), probablemente objetará pagar un precio superior a los ofertantes protegidos. Además suele ocurrir que, al ser regalada tal protección para unos, otros pidan el mismo privilegio para su actividad: aranceles, cuotas y límites al número de competidores. Llegaremos a un círculo vicioso, terminando en precios (y posiblemente calidades) pocos deseables para los consumidores en su totalidad; sin hablar de la competividad internacional para las exportaciones.


¿Qué hacer?

Estamos frente a un dilema: Justicia social versus justicia económica (frecuentemente distorsionada o captada por intereses particulares-gremiales). Ya en el siglo pasado el economista Schumpeter escribía sobre el concepto de la destrucción creativa (“Capitalismo, socialismo y democracia”,1942). Al crear una nueva oferta (positivo), se pueden destruir estructuras existentes (negativo para los afectados). La teoría es que las antiguas entidades se adaptarán o desaparecerán. Los seres humanos involucrados buscarán oportunidades nuevas en otros campos empresariales y laborales; en la práctica nada fácil para las personas, especialmente cuando cuentan con una formación limitada o muy especializada.


Es una encrucijada que han enfrentado la mayoría de los países, con respuestas muy disimiles. Entre los extremos de una economía totalmente abierta y una cerrada, se encuentran políticas de apoyos temporales, programas de re-inserción laboral o regulaciones de aplicación gradual.

Parece que no existe la solución o verdad perfecta. Quizás podamos aportar con una pregunta que define mejor el problema:

¿La minoría debe asumir un costo en beneficio de la mayoría …. o la mayoría debe aceptar un costo en beneficio de la minoría?

¿Se imagina circunstancias específicas que le hacen cambiar su respuesta? Alimento para la reflexión.


Harald Ruckle

Chartered Director del Institute of Directors UK