Superar los riesgos en el sistema de comercio internacional

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Hector Casanueva EmbajadorHéctor Casanueva

Ex embajador de Chile ante la OMC

Miembro del Directorio del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia y del Foro Académico Permanente de América Latina, el Caribe y la Unión Europea.

Profesor de Relaciones Internacionales


La actitud adoptada por la administración Trump en materia de comercio internacional pone en grave riesgo la vigencia de los principios del GATT y las funciones de la OMC. La adopción del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) en 1947 después de la II Guerra Mundial, firmado por Chile junto a otros 22 países, ha sido fundamental para potenciar el crecimiento y el desarrollo global a través del comercio internacional. El GATT promueve la reducción de aranceles, la eliminación del proteccionismo y de la discriminación, basado en principios y reglas comunes. En 1994, se procedió a una revisión parcial del Acuerdo, al finalizar la “Ronda Uruguay”, manteniendo sus principios, e incorporando por primera vez la agricultura y los servicios, y se creó la Organización Mundial de Comercio (OMC) con 123 países signatarios. Hoy son 163. La OMC quedó, así, como el principal organismo multilateral de comercio, encargado de administrar los acuerdos, ser el foro para las negociaciones multilaterales, supervisar el cumplimiento de las políticas comerciales, y mantener un sistema de solución de disputas entre sus miembros. Los intercambios desde 1947 han crecido 37 veces y desde la creación de la OMC la participación de los países en desarrollo se ha duplicado.


Importante de este sistema, GATT y OMC, que se mantiene hasta hoy, pero que está en riesgo evidente, es que las relaciones comerciales entre los países deben ajustarse al principio de la “nación más favorecida”, lo que significa que las concesiones hechas por un país a otro u otros, se deben extender a todos los demás miembros del sistema. Con dos cuestiones centrales que están en juego, que son las piedras angulares de todo lo demás: una, es lo que se conoce como “trato especial y diferenciado”, un mecanismo por el cual se favorece a las naciones más atrasadas en la aplicación de aranceles y otras medidas para favorecer su crecimiento. La otra, es el “sistema de solución de disputas”, un mecanismo imparcial y accesible a todos por igual, que dirime las diferencias cuando un miembro de la OMC se ve afectado por medidas de otro.


Ambas son cuestionadas actualmente por Estados Unidos, alegando que el trato especial y diferenciado debe ser revisado, y en particular, ha conseguido devaluar el sistema de solución de disputas de la OMC, al bloquear la designación de los miembros del Órgano de Apelación, que de siete integrantes ha quedado con solamente cuatro, por lo tanto, al borde de la inoperancia. Se vulnera así la seguridad jurídica que otorga el sistema a todos por igual.


Al cuestionar de esta manera el sistema multilateral de comercio, y por ende a la OMC, y subir unilateral y discriminatoriamente los aranceles al acero y el aluminio, iniciando una guerra comercial no declarada con China, pone en riesgo una construcción global prolijamente diseñada y trabajada por la comunidad internacional para un desarrollo equilibrado.


Las razones esgrimidas por la administración Trump tienen que ver con una supuesta discriminación que sufrirían los Estados Unidos en sus relaciones comerciales debido a las reglas de la OMC, afectando a las empresas de su país y al empleo, especialmente respecto de China, pero también de México y otros países; y a que las disputas comerciales no estarían siendo resueltas en su favor (aunque la estadística demuestra que no es así).


No obstante, más allá de si a la actual administración de Estados Unidos le asiste o no razón en su planteamiento, la comunidad internacional debe reconocer de una vez que estamos en serios problemas. Esto fue evidente en la reciente XI Conferencia Ministerial de la OMC realizada en Buenos Aires. No es posible quedarse en la inacción solamente reclamando por esta postura, que con razón o sin ella, se traduce en medidas que pueden escalar al punto de dinamitar el sistema multilateral de comercio basado en reglas, y condenar a la OMC a la irrelevancia. Nada que signifique poner fin al entendimiento mutuo conseguido en la perspectiva del bien común global puede ser bueno para la humanidad.


¿Qué hacer entonces? Por mi experiencia en el sistema -y además siguiendo la más elemental lógica política- creo que la única forma sería aceptar la realidad, sentarnos a la mesa y acordar el inicio de una nueva Ronda de Negociaciones Multilaterales que ponga al día el sistema y a la OMC, se haga cargo de las nuevas realidades y amenazas, y genere normas de convivencia según los parámetros de la nueva economía y los desafíos del siglo XXI. En 2019 se debe celebrar la XII Conferencia Ministerial de la OMC, y debería ser la ocasión para lanzar esta nueva Ronda. Tenemos apenas un año para prepararnos.