​Un Colmo de Sectarismo

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Luis Riveros

En los últimos días se ha desatado una controversia en torno al uso de la violencia como forma de expresar desacuerdo con las ideas que sustenta otra persona. Lo más grave es que esto ha acontecido en una universidad, donde dirigentes estudiantiles y académicos han sostenido su derecho a expulsar violentamente a José Antonio Kast desde el Campus de esa universidad pública.


Un hecho lamentable, que no debiera sino merecer condena de todos, especialmente de quienes defendemos la democracia, cuya base esencial es la libertad de pensamiento y de expresión. Hay quienes, efectivamente, llaman a perseguir las ideas distintas “a palos si es necesario”. Otros, aún, sostienen un argumento que va más allá: la presencia de alguien podría significar en ciertos espacios y por sí sola, una “provocación” que resultaría necesario combatir por la fuerza. 


Este argumento, en pos del cual han figurado distintos parlamentarios y hasta un Senador de la República, es altamente perverso. Podría significar, por ejemplo, que un no creyente que visita una iglesia, que un partidario del aborto libre que visita una entidad conservadora, o que un militante de izquierda que visita una entidad asociada a la derecha, estarían incurriendo en esta presunta “provocación”, justificando que se le aplique la expulsión por la fuerza.


Esto es realmente un sin sentido, conducente a una sociedad de violencia, de exclusión y hasta de persecución sistemática del pensamiento. El progreso de la sociedad se construye respetando las diferencias, y utilizando la tolerancia, incluso con quienes promueven la intolerancia. Lo más malo es que este tipo de actos había ocurrido antes, colaborando a desatar una frenética y dañina escalada de violencia que el país fue incapaz de detener.


Todos tenemos la obligación de promover el respeto y desarrollar la capacidad de argumentar para poder dejar sentadas las legítimas diferencias en ideas y posiciones. Ese es el valor de la inteligencia, que no debiera escasear en una universidad pública. A lo que se llegó en días pasados, contrariamente, constituye un colmo de sectarismo.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile