El sucesor de Kuczynski se encontrará con un Perú indignado

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El primer vicepresidente de Perú, Martín Vizcarra, es un hombre tranquilo, y va a necesitar mucha calma para enfrentarse a la tarea de gobernar un país con una clase política desacreditada ante los ciudadanos como muy pocas en la región. Vizcarra, por ley, debe reemplazar al presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien ha enviado al Congreso su carta de renuncia este miércoles. Horas después del anuncio, Vizcarra se ha pronunciado en Twitter donde ha mostrado su indignación por la situación que vive el país y ha asegurado que se pondrá a "disposición del país, respetando lo que manda la Constitución". Hace tres meses, la decisión de Vizcarra de prometer que renunciaría si Kuczynski era destituido ayudó a frenar la maniobra, por el riesgo de que el poder quedara en manos del fujimorismo. Esta vez el vicepresidente dejó claro que no renunciaría, y eso añadió presión a PPK, que finalmente dimitió.


Vizcarra ya está empezando a tomar el poder incluso desde Canadá y ha conversado con la canciller saliente para expresar que será él quien reciba a los jefes de Estado en la próxima Cumbre de las Américas de abril en Lima. El presidente ha dicho que conversará este jueves con Vizcarra, dijo uno de los ministros a EL PAÍS, minutos después de que el Gabinete presentase su renuncia.


El ingeniero y expresidente regional de Moquegua tendrá que recomponer las relaciones con los principales partidos, debilitados ante los ojos de la ciudadanía. Vizcarra fue nombrado embajador en Canadá el septiembre pasado y ha permanecido al margen de las acusaciones contra Kuczynski por sus vínculos con Odebrecht. En el Ejecutivo esperan que su juramentación se dé el viernes.


Durante el año y ocho meses de Gobierno de PPK, los políticos se han atacado con dureza con todo tipo de acusaciones. Además, el lenguaje utilizado en los videos y audios que difundió el fujimorismo el martes ha indignado a los peruanos por el nivel de descomposición que observan en un sistema político poco institucional y corrupto. El descrédito se ha extendido no solo al presidente, sino a todo el Parlamento, por lo que unas nuevas elecciones, la única fórmula para recuperar credibilidad, tendrían un resultado más incierto que nunca en un ambiente de escepticismo generalizado con la élite.


Según el Barómetro de las Américas, difundido el martes, el 91% de los peruanos cree que la mitad o más de los políticos están involucrados en actos de corrupción. La muestra fue tomada entre febrero y abril de 2017, antes de las revelaciones de la participación masiva de Odebrecht, con dinero de la contabilidad paralela, en las elecciones generales de 2006 y 2011.


Para un 27% de los peruanos, la corrupción es el principal problema del país, el porcentaje más alto del continente, incluso mayor que en Brasil (19%), cuya política está afectada por el caso Lava Jato.


De acuerdo a la misma encuesta regional, Perú es uno de los ocho países que menos defienden la democracia en la región: un 38% señala que apoyaría un golpe presidencial, el porcentaje más alto en el continente. Ante la debilidad demostrada por Kuczynski, en las calles de Lima algunos vuelven a pensar en un hombre fuerte, precisamente el ambiente que aprovechó Fujimori en 1992 para su autogolpe. (elpais)