​Inmigración Disoluta

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Luis Riveros

A propósito de la discusión sobre la inmigración que está afectando a Chile, se mencionó que don Andrés Bello había sido un inmigrante, y que eso ponía de relieve el gran aporte que tal proceso podría traer a Chile. No cabe duda sobre esto, pero el ejemplo resalta lo necesario de una política transparente y efectiva que regule debidamente la inmigración. Muchos leen esto como una actitud anti-inmigración, y casi de una inherente segregación intervencionista. Bello fue invitado a Chile por el Estado, para encomendarle la misión que cumplió con creces: fundar una Universidad del Estado de Chile. Y muchos otros que han lucido en las páginas nacionales de la academia, de las ciencias y las artes, así como de la industria y la producción, han sido el resultado de una política de Estado que hoy día se reclama como inexistente. No estamos ofreciendo a esos inmigrantes una condición digna, sino que los estamos agregando a la miseria local con nefasta consecuencias. Cuando un señor Diputado expresa: “Que alegría que vengan con nosotros”, en realidad no está hablando nada de lo que efectivamente ofrecemos a una inmigración tanto multitudinaria como irregular. Hace pocos días en un servicentro, uno de los bomberos manifestó que era un doctor en matemáticas que había escapado de Venezuela. ¿Es esto lo que en verdad queremos ofrecer a quienes buscan refugio en un país que vive mejores condiciones? A muchos inmigrantes los estamos condenando a la explotación más ruin en cosas como arriendos y trabajos. ¿Es esta la bienvenida y la alegría que queremos manifestarles? Además, se insertan en una realidad social y económica que desplazan de empleos y beneficios a muchos de nuestros conciudadanos, quienes aluden con enojo a la alta inmigración. Aquí se ha denotado ausencia de Estado, falta de políticas bien diseñadas que combinen el humanismo y la solidaridad con los propósitos de paz social y adecuada realización. Fundamental regularizar esto con responsabilidad y visión de país, para devolverle a la política un sentido profundo y constructivo, no sólo fuente de opiniones precipitadas.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile