​El final de un camino

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Alain Marchant

Termina el periodo de Bachelet para entregarle la banda nuevamente a Piñera en los próximos días. ¿Quizás un deja vu? Ojalá fuera así, pero no. Esta vez, hay un malestar en como fueron estos 4 años de gobierno y como entrega al país y no por un tema de tener sesgos políticos. Sacando de lado los casos de corrupción que afectaron a todo el espectro político, como también dejando fuera el caso Caval y todas sus aristas, la gestión fue mediocre y con sesgos de dogmatismo mesiánico que no se veían en la política chilena.


Partamos mencionando lo que fue el hacer reformas en forma obstinada, sin escuchar a nadie y sin transar en nada, mostrando así no solo una falencia de escuchar opiniones de su mismo sector, pero también un ego desmesurado para lo que son los tiempos modernos. Esto se acrecentó con leyes mal formuladas y mal concebidas, como la reforma tributaria, que si bien en su esencia se entendía el propósito de ésta, estaba tan mal hecha que aun sigue causando dolores de cabezas tanto a contadores como empresarios de todos los tamaños.


Los casos de intransigencia y obstinación infantiles, defendiendo a personas de su gabinete como Blanco, Peñailillo y Arenas, que desde donde se le mirara era necesario removerlas. La guinda de la torta en esto: dar a Blanco un puesto en el CDE sin tener las competencias necesarias ni suficientes, evidenciando de nuevo la estrategia de cuidar de los suyos sin importar las consecuencias. Esta hipótesis de intransigencia toma mayor fuerza y peso cuando Bachelet deja de escuchar la razón de cordura de Valdés, su fiel lacayo económico, que perseveró en complacer a su jefa hasta el punto que no se podía defender lo indefendible. Con un estado altamente endeudado y con casi nulo crecimiento, quizás Valdés privilegió el no manchar su carrera como economista. Así, dio un paso al costado antes de perder su capital en instituciones como el FMI, pues finalmente sabía que, más temprano que tarde, tendría que volver a tocar ciertas puertas ya conocidas. Creo que lo que caracterizó a este gobierno, fue la poca prudencia, la soberbia y el sentir que las arcas fiscales le pertenecían y podía disponer de ellas para arreglar la situación de todos sus cercanos y los cercanos de estos. Con la derrota electoral, no hubo mayor análisis ni reflexión al parecer, puesto que se siguen enviando leyes hasta el último momento, sin contar ni siquiera con el apoyo completo de su conglomerado. La retórica de gobernar hasta el último día es tan absurda como mandar en el último día de clases tarea a los alumnos de un colegio.


Concluyendo, como país, dada la concentración de poder que existe y los continuos conflictos de intereses en la toma de decisiones a nivel de gobierno, es necesario la alternancia en el poder como también tener la responsabilidad de ir a votar, para que no repitamos malos resultados que, al final afectan al ciudadano común y mayormente, a la clase media, que es la que, por estar en aguas intermedias de desarrollo, se lleva el peso de todos los malos gobiernos en sus hombros.


Alain Marchant

Presidente Ejecutivo

Seven Seas