​¿No Queríamos Ser Desarrollados?

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Hermogenes Perez de Arce

Una vez hace más de treinta años el entonces director de “El Mercurio”, Agustín Edwards, me convidó a un almuerzo con un economista famoso que nos visitaba, Bela Balassa, y que hacía una gira internacional dando consejos de cómo terminar con la pobreza.


Yo escribí un “paper” de una hoja en que decía que la pobreza disminuiría en todas partes si los países del Primer Mundo abrían sus fronteras a los habitantes del Tercer Mundo para que fueran a trabajar allá. Al segundo Mundo, el socialista, no me refería, porque a ése nadie quería ir y sus habitantes lo único que buscaban era cómo salir, porque no los dejaban.


Distribuí mi “paper” en el almuerzo pero nadie me lo comentó y no me atrevo a pensar lo que Bela Balassa hizo con él. Pero en el hecho sucedió que el Tercer Mundo no sé cómo supo de mi “paper” e invadió al Primer Mundo de pobres que querían dejar de serlo. Y Chile, gracias a “El Ladrillo”, ahora también es destino de los pobres del Tercer Mundo, que últimamente han llegado en masa, encabezados por los haitianos, que se conforman con poco, trabajan más que los chilenos, son bastante honrados y hasta se dan tiempo para recoger en el aire a una chilena que se cayó de un quinto piso y salvarla. Nunca vi a un chileno haciendo eso.


¿Queríamos ser del Primer Mundo? Bueno, acá pasan cosas como que a una persona que gana el sueldo mínimo el Estado le da otro tanto. Son “derechos sociales”. Bono por hijo, alimentos en la municipalidad, posnatal largo, bono-marzo, salud y educación malas pero gratis, viviendas con subsidio y, a juzgar por la obesidad de la gente pobre, todos tienen demás para comer. Si te paras en la esquina a limpiar vidrios o vender superochos vives mejor que en Puerto Príncipe.


¿No queríamos ser desarrollados? Bueno, si no lo somos, por lo menos ya tenemos un problema de país desarrollado: nos estamos llenando de pobres de otros países. Si no se cambia “El Ladrillo” por el “Otro Modelo”, habrá trabajo para todos. Y si se lo enseñamos a los haitianos, al poco tiempo dejarán de llegar.


Hermógenes Pérez de Arce