​Inmigración, ciencias naturales y filosofía

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Javier Scavia dal p

Que la inmigración haitiana ha provocado casi una pandemia de VIH, que ha afectado negativamente al empleo, que ha colapsado servicios públicos tales como salud y educación y, casi en el paroxismo de la xenofobia, que ha venido a “alterar la raza”, son algunos de los comentarios que suscitan acalorados debates, curiosamente pareciera más en las redes sociales que en las conversaciones cotidianas. El anonimato de las redes sociales se asemeja en muchos sentidos al alcohol, desinhibe nuestra verdadera naturaleza y, como en el país de los ciegos el tuerto es rey, exalta a aquellos que sin ningún pudor proclaman estas (y otras) tesis abiertamente en medios de comunicación tales como diarios, televisión y radios, haciéndonos olvidar por instantes que si bien la consecuencia es a veces alabable, muchas de las más grandes atrocidades de la humanidad han sido ejecutadas por siniestros personajes muy consecuentes.


“¡Datos! ¡Necesito datos! –exclama- No puedo construir ladrillos sin arcilla” proclamaba Sherlock Holmes y, el sentido común, si es que existe, nos llama a hacernos un par de cuestionamientos a partir de esta frase del mítico personaje.

Primero que nada, ¿por qué como sociedad tendemos a no sopesar la evidencia a la hora de emitir juicios?, ¿por qué no es nuestra costumbre citar una fuente cuando presentemos una evidencia? Quizá, como en muchos fenómenos sociales, la respuesta sea la superposición de muchas causas. Cualesquiera que sean éstas, está claro que nuestra formación en el método científico y la reflexión no nos convierten con un baluarte y esto, por si cabe dudas, está documentado al menos por nuestro desempeño en rankings internacionales de educación.


Como segundo cuestionamiento, ¿cabe alguna duda de la importancia de las ciencias naturales y la filosofía en la formación de nuestros jóvenes? Tal vez la pregunta más acertada sea ¿cómo es posible siquiera cuestionar la importancia de este par de asignaturas?


El mensaje está claro. Vivir de la inmediatez y el facilismo no nos convierte en mejores científicos, pero, peor aún, no nos hace mejores personas a la hora de juzgar tan livianamente a un grupo de personas que, en último caso, ha venido a nuestro país en busca de ayuda.



Javier Scavia Dal Pozzo

Académico Departamento de Industrias

Universidad Técnica Federico Santa María