​Por qué y para qué elegir intendentes

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Antonio Horvath

Aun cuando desde 1980 la Constitución asegura que “la administración del Estado será funcional y territorialmente descentralizada, o desconcentrada en su caso”, en la práctica ese precepto no ha logrado plasmarse como la realidad a la que aspira una inmensa mayoría de los chilenos que habita el vasto territorio, desde las regiones más cercanas a la gran capital, hasta los residentes de las zonas más extremas, como Arica y Parinacota por el norte, y Aysén y Magallanes por el extremo sur.


Como es sabido, hasta la aprobación de ley que permite la elección de autoridades regionales, Chile era el único país miembro de la OCDE que no contaba con un sistema que le diera forma a la plena soberanía popular. Durante años esa constatación bastó para dar por respondida la inquietud del porqué no tener un intendente elegido por sufragio popular: porque nuestro Estado es unitario y centralizado, y porque así ha funcionó siempre, y lo que funciona bien no hay motivo alguno para cambiarlo.


Sin embargo, esa respuesta no solo es simplista, sino también reduccionista, ya que ella margina a los habitantes de una cuestión tan elemental como es el pleno ejercicio de su soberanía, en términos de su protagonismo a la hora de decidir los destinos del lugar donde nacen, viven, estudian, trabajan, y donde se proyectan en planos tan trascendentales como su desarrollo intelectual y emocional.


Elegir concejales y alcaldes; diputados y senadores; y concurrir a la máxima justa electoral, como es la elección presidencial, saltándose la de la autoridad que dirige la región, resultaba inexplicable, sobre todo cuando dicho personaje está llamado a liderar el desarrollo de una zona clave del país.


De manera que acotar la discusión de la autodeterminación territorial a una cuestión solo de carácter administrativo, haciendo completa abstracción de la capacidad de los habitantes para decidir el modus vivendi de su respectiva región, no pasa de ser un desaprovechamiento imperdonable del Estado chileno para ponerse en la senda del efectivo desarrollo, toda vez que al cerrar los espacios donde fecunda ese desarrollo –como son la innovación, la investigación y la habilidad emprendedora–, es el propio centralismo exacerbado e ilimitado el que cava su propia tumba, al sentenciar su destino como futura área de aislamiento.


Con el anuncio por parte del Presidente electo de los últimos intendentes designados, las regiones comienzan a experimentar lo que será la fase ulterior de una larga historia de dependencia centralista. El desafío que desde hoy enfrentan las regiones –de poner en la mira electoral a quienes dirigirán los destinos de los territorios y a quienes a contar de 2021 entrarán en esa disputa– abre la puerta de autodeterminación, y a la vez, saber quiénes y de qué forma están dispuestos a otorgar poder real a las regiones, habida cuenta que la elección de intendentes supone el ‘riesgo democrático’ de poner al frente de la región a un opositor al gobierno de la capital.


Antonio Horvath Kiss

Senador