​Revolución en Calidad

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Luis Riveros

El llamado de vuelta a clases que en estos días empieza a resonar a lo largo de todo el país, se da en medio de expectativas de construir una mejor educación. Se aprobó a este respecto una serie de iniciativas legales de gran importancia, como la Ley de Universidades y la relativa a la Nueva Educación Pública. En gran medida este trabajo legal se concentró en materias de gestión del sistema educacional y de financiamiento, especialmente esto último atenido al propósito de gratuidad de la enseñanza superior.


Poco se ha hablado, sin embargo, de los procesos clave para brindar una mejor educación. En primer lugar, hay que considerar que todo ocurre dentro de la sala de clases, y que la educación necesita no sólo de infraestructura material sino también buenas metodologías de enseñanza y la construcción de un sistema estimulante para el estudiantado y favorecedor del conocimiento nuevo. Lo importante en educación ocurre en la sala de clases, y todo lo demás es accesorio (o debería ser) a ella misma.


Tampoco se ha abordado el tema de contenidos, en la medida en que es vital considerar el “qué” enseñamos a nuestros niños y jóvenes. Planes y Programas desactualizados, pegados al pasado y poco receptivos al conocimiento nuevo, no favorecen la educación de calidad que decimos perseguir en todos los niveles de la educación.


Además, la escasa atención que han tenido en las políticas públicas recientes la educación preescolar y básica, que es donde se decide efectivamente el futuro de los niños, habla de nuestra desatención a lo más trascendente para enfatizar solamente lo “políticamente correcto”, como es la gratuidad de la educación superior.


Finalmente, poco se ha considerado la importancia de formar profesores siglo XXI, que han de ser los protagonistas centrales en el propósito de brindar una buena educación en todos los niveles de la educación. Profesores motivados, actualizados y conectados a la realidad y expectativas de los alumnos, son factores clave para la excelencia. Ojalá este nuevo año académico nos permita iniciar la revolución educativa que Chile espera.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile