​Investigación conjunta universidad-empresa

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Claudio Martinez USACH slid

Necesitamos ampliar y mejorar las redes que conectan a los diversos agentes relacionados con la investigación en Chile. La universidad del siglo XXI, pública y comprometida con el desarrollo del país debe vincularse con el sector productivo y dejar, cada día más, de depender casi exclusivamente de fondos públicos. En los países desarrollados las empresas doblan e incluso triplican la inversión pública en I+D, y nosotros debemos ir en ese camino.


La Estrategia Nacional de Innovación propuso como nivel objetivo deseable para Chile destinar un 2,3% del PGB a gasto en I+D. Para ello, además de duplicar la inversión pública en I+D se propone como necesario quintuplicar la inversión privada. Las empresas deben incorporar a la investigación, desarrollo e innovación como parte esencial de su adaptación a los nuevos escenarios si queremos, al menos, acercarnos a los índices de los países de la OCDE.


En esta línea a comienzos de mes cerró la convocatoria de Contratos Tecnológicos para la Innovación de CORFO, la que busca promover el vínculo y colaboración entre empresas y entidades proveedoras de conocimiento (I+D) como la Universidad de Santiago. Los resultados, para Chile, muestran que, en promedio, las compañías que han tenido acuerdos de cooperación tecnológica con universidades han visto incrementar su productividad laboral en un 88% (Benavente,2002).


En la Universidad de Santiago hemos entendido la importancia de fomentar la cooperación y el emprendimiento con actividades como From lab to Market iniciativa que va en su quinto año y que también en febrero abrió sus postulaciones para acelerar y financiar startups científicas y tecnológicas de todo el país.


Es clave que este tipo de iniciativas y esfuerzos se reflejen en políticas de Estado que superen el accionar no coordinado de agencias y ministerios adecuando la actual institucionalidad de fomento y promoción de la innovación y el emprendimiento para conectar, con mayor decisión, la actividad empresarial a la academia a fin de generar el mayor impacto posible. Al menos, no pueden existir distintos criterios y enfoques desde un mismo gobierno sobre estas materias.


Debiéramos enfocarnos en promover una cultura de diálogo, acuerdos y colaboración entre los diversos actores, generar integración y puentes para mejorar la competitividad y productividad. A partir de la identificación de una visión compartida, podemos diagnosticar brechas y desafíos, sobre los cuales se construyen hojas de ruta colaborativas en torno a ejes temáticos comunes en los que trabajar en conjunto. El futuro Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, debe ser un paso en ese sentido.


Ad portas de un cambio de gobierno me gustaría hacer un llamado en esta línea a las futuras autoridades para avanzar en conjunto en una estrategia país apoyado en las universidades públicas e institutos del estado, retomando así su rol como coordinadores y motor del sistema de investigación, desarrollo e innovación de Chile.


Dr. Claudio Martínez

Vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Universidad de Santiago de Chile