​Resucita la inversión

|


Enrique Goldfarb

En una entrevista, el futuro ministro de Economía, José Ramón Valente, comentó que está en su agenda destrabar inversiones por US$1.500 millones. Por otra parte, estimaciones del sector privado apuntan a nuevas e importantes inversiones en varios sectores, entre ellos, energía, minería, industria. Finalmente, la Corporación de Bienes de Capital, estimó que la inversión en equipos en el país podría incrementarse en el año en 15%.

Qué tranquilidad, qué agrado es conocer de estas intenciones y cifras, después del horripilante récord de caída sistemática de la inversión durante el gobierno de Bachelet. El componente fundamental de esta reversión es la confianza que inspira el nuevo gobierno, alejado de los enredos retóricos y menosprecio de la administración saliente por el crecimiento.


El significado del crecimiento económico


La masa crítica de las aspiraciones ciudadanas se logra cuando el país crece, cuando progresa económicamente. Lo dijo Lagos, el resto es música. Pero da más tranquilidad que sea este equipo económico y político que asume en marzo, el que eche a andar la rueda, y no otra versión que no se sabe cuán contaminada está con el enredo ideológico. De hecho, ha sido el bienestar económico logrado con la economía social de mercado, la que dio el empujón político para cerrarle finalmente camino a la izquierda. La gente sabe que si no hay un ambiente propicio para encontrar trabajo o desarrollar su emprendimiento o empresa, se vendrán encima puros problemas, frustraciones, privaciones, y que como lo muestra uno de los países más ricos del mundo, Venezuela, pueden llegar hasta la desnutrición y carencia de los elementos más básicos. Destino ineludible, mostrado y demostrado innumerables veces por la historia, cuando sus líderes se ahogan en la verborrea de izquierda o comunista (que es la misma cosa) y saltan rápidamente al siguiente nivel que es la cooptación de las fuerzas armadas para imponer la dictadura.


Marcelo Mena, enemigo público Nº1 del progreso


Las malas lenguas periodísticas decían que Piñera, amigo del choclo Délano, trataría de revivir, por esa razón, el proyecto Dominga, detenido por supuestas razones ambientales. Lo cierto es que no se trata de que el futuro presidente sea amigo o no de alguien que está detrás de un proyecto. Se trata de que el hasta ahora ministro del Medio Ambiente, saltándose el hecho, no menor, que el proyecto estaba aprobado técnicamente, es decir que los aspectos ambientales estaban bien resguardados, pero que como buen enemigo del progreso le puso el pie encima, con el poder que da contar con el respaldo incondicional de la Presidenta, todo con el pretexto de que la gente resultaría más saludable (aunque también más pobre). Esto revela, o un fundamentalismo ambiental a ultranza, o razones políticas, o ambas. Lo cierto, es que es un ejemplo muy representativo del verdadero tipo de legado que nos deja la hasta ahora Presidenta Bachelet. Su estilo produjo la salida de los pocos funcionarios razonables conque aún contaba, y tiempo después, produjo la salida de la misma izquierda del gobierno. 


Enrique Goldfarb

Economista