​Un verdadero drama

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Luis Riveros

La situación del SENAME debiera desatar verdadera vergüenza de las autoridades políticas. El Informe que elaboró el Instituto Nacional de Derechos Humanos ha evidenciado una situación deplorable. 46.3% de los niños del SENAME son maltratados sicológicamente y un 84.3% sufre castigos físicos, mientras que un 16.1% pasa hambre. Más aún, un número no menor confiesa haber sufrido un abuso sexual durante el año y más de la mitad de ellos dicen convivir con su abusador. Por eso se concluye también que más del 65% de los niños que atiende el Servicio Nacional de Menores se encuentra sufriendo una depresión. Muchos podrán decir que son exageraciones y que las declaraciones de estos menores no son confiables. Los niños siempre se inclinan a la verdad; no están preparados para urdir mentiras y menos aún para hacerlas sistemáticas o “acordadas”. Se supone que estos niños están acogidos por el Servicio para “protegerlos” de males mayores que podrían sobrevenir si ellos permaneciesen con sus familias o en el abandono a que habían sido sometidos. Pero el servicio que les acoge no sólo es incapaz de reparar el mal que sufren, y que posiblemente era también maltrato, hambre y abuso, sino que le propina exactamente con lo mismo.


Ya se ha dicho que el Estado coloca recursos muy insuficientes para atender esta dolorosa situación, y que hasta el personal y las instalaciones se mantienen a un nivel de insuficiencia que se suma al maltrato acusado por los niños. Pero lo peor, es que esto viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, y se ha visto acompañado de la muerte de muchos de esos niños, los cuales ni siquiera fueron sometidos a autopsia, como ha sido denunciado.


El país no puede seguir pasivo frente a este verdadero drama humano. Los niños, especialmente los más pobres, no ejercen presión política, no marchan en las calles, no amenazan al poder político en modo alguno; pero algo habrá de conciencia y de humanidad para que las prioridades permitan enfocar este tema con la urgencia que requiere para proteger los derechos humanos de estos niños cuya situación empaña todo otro progreso nacional posible.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile