Enrique Goldfarb



Enrique Goldfarb

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo que la ayuda era cancerígena; con la tranquilidad de su estómago lleno y su conciencia bloqueada, entregada en cuerpo y alma, como todo su gobierno y sus líderes, a matar o morir.

Maduro se apropia de su aura, y lo convierte en una especie de demiurgo que guía los destinos no solo de Venezuela sino, así lo sueña, de todo lo que una vez fue la Gran Colombia. Entonces Bolívar pasa a ser degradado desde el Gran Libertador al Gran Tirano.

Veo a Palma Salamanca como un soldado, o más bien un sicario, que asesina bajo las órdenes de quienes manejan los hilos de la ideología marxista. Esta ideología, entre paréntesis, y para todos los que no hayan leído la biografía de Marx, ve al resto de la sociedad que no es proletaria, como un mortal enemigo al que hay que eliminar.

Es increíble lo que puede hacer el progresismo para quemar etapas en la escala social, y llegar a la igualdad de clases. Tomando la educación como campo de batalla, idearon una reforma profundamente ideológica, que nos ha conducido a un sistema escolar y universitario aberrante.

La izquierda dice que forzar la igualdad contagia benévolamente a los peores, por el contacto forzado con los mejores. Es justo al revés. Los buenos se ponen más malos

Hay pequeños grandes detalles que empequeñecen la figura presidencial, y le quitan la altura de líder necesaria para realizar los grandes cambios que el país en forma tan urgente necesita y que el obstruccionismo opositor hace difícil llevar a la práctica.

Bolsonaro tiene en carpeta algunas municiones. Mano dura contra la delincuencia. El juez del Lavajato para la corrupción. Y un programa económico moderno de privatizaciones y reforma de pensiones. El problema es que necesitará leyes drásticas y sólo cuenta con el 10% del parlamento.

Sin entrar siquiera en la incoherencia manifiesta entre quienes se manifiestan contrarios a castigar el negacionismo y ahora adhieren a las penas del infierno si se defiende a JA Kast, me parece que quien no aprende de la historia, sufre por ella.

Los atropellos a los derechos humanos en los que lamentablemente incurrió en sus inicios el gobierno militar se los contrasta con una santa inocencia (fuertemente armada y organizada) de la izquierda de ese entonces. Sin embargo, con lo que se debe comparar es con la proyección de lo que hubiera sido Chile si el comunismo se hubiera consolidado en este país.

Hay que tener cuidado con el apetito irrefrenable de poder de los organismos internacionales, especialmente las Naciones Unidas. La que, a través de acuerdos de esta naturaleza, buscan, si no gobernar el mundo, imponer una cuota de chantaje sobre la soberanía de los países.