Enrique Goldfarb



Enrique Goldfarb

La oposición marxista y filomarxista puso el grito en el cielo cuando la DC aprobó la idea de legislar la reforma tributaria, después de supuestos acuerdos entre ellos y este partido, de actuar como un solo bloque para congelar al gobierno en su tarea modernizadora de la economía.

Esto es una mala señal, representativa de que la República de Chile está perdiendo la primera de las calidades de este título: la política ha perdido junto a su republicanismo, la vergüenza.

La pregunta que queda en el aire es si eso es negativo o no para la causa de la libertad en el futuro. Es natural que aquellos que tengan aspiraciones presidenciales no estén conformes, por cuanto estimarían que ello opaca sus posibilidades. Sin embargo, y suponiendo que haya conformidad con el gobierno y si al menos parte del legado es transferible, no sería malo, salvo por el hecho que el peso que tendría el presidente en la designación del candidato del sector sería enorme.

Que el gobierno quiera hacer este tipo de procedimientos no es gratuito y sabe que le va a costar en términos de popularidad. Pero sacando las cuentas, más le va a costar si la delincuencia, mucha de ella llevada a cabo por los menores que buscan ser escudriñados, sigue en ascenso.

Una legislación laboral apremiante para subsanar los gruesos errores de la Reforma llevada a cabo por el gobierno anterior, se ha visto entorpecida por una visión torpe de la oposición.

A raíz del viaje de Sebastián Piñera a Cúcuta, para asistir al concierto que sirve como fondo a la ayuda humanitaria a Venezuela, la izquierda se ha lanzado en picada a criticar el viaje.

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo que la ayuda era cancerígena; con la tranquilidad de su estómago lleno y su conciencia bloqueada, entregada en cuerpo y alma, como todo su gobierno y sus líderes, a matar o morir.

Maduro se apropia de su aura, y lo convierte en una especie de demiurgo que guía los destinos no solo de Venezuela sino, así lo sueña, de todo lo que una vez fue la Gran Colombia. Entonces Bolívar pasa a ser degradado desde el Gran Libertador al Gran Tirano.

Veo a Palma Salamanca como un soldado, o más bien un sicario, que asesina bajo las órdenes de quienes manejan los hilos de la ideología marxista. Esta ideología, entre paréntesis, y para todos los que no hayan leído la biografía de Marx, ve al resto de la sociedad que no es proletaria, como un mortal enemigo al que hay que eliminar.

Es increíble lo que puede hacer el progresismo para quemar etapas en la escala social, y llegar a la igualdad de clases. Tomando la educación como campo de batalla, idearon una reforma profundamente ideológica, que nos ha conducido a un sistema escolar y universitario aberrante.