Alfredo Barriga



Alfredo Barriga

La “Ley Uber” pasó su último trámite legislativo (aunque no el final) sin votos en contra y solo una abstención.

Es una lástima que la clase política no haya aprovechado la oportunidad para entender lo que es la economía colaborativa. Se considera a Uber una empresa de transporte privado, de igual forma que en su momento se considerará a AirBnB como una empresa hotelera o a Ali Express como un retail.

No es sorprendente que la primera incursión de la Iglesia católica alrededor del uso de las tecnologías que hay detrás de la cuarta revolución industrial sea sobre los límites éticos que se pueden traspasar. La edición genética y reparación exitosa de un embrión para inmunizar contra el VIH puso a la humanidad ante la realidad de hasta dónde pueden llegar estas tecnologías. Las posibilidades ciertas de que robots, algoritmos y sistemas autónomos se vean ante situaciones con una alta componente ética es también una muy buena razón para promover la discusión y fijar parámetros que – es de esperar – no se traspasen.

La tributación de la economía digital debe fortalecerla, no debilitarla. Nadie discute a estas alturas que esta será la economía prevalente en un futuro muy cercano. Por ello se debe comprender mucho mejor en qué consiste. Una política fiscal que debilite la economía digital empobrece al país, y con ello se resiente también el fisco. Por eso, plantear una política fiscal focalizada solo en la recaudación es miope.

Las personas que hoy realizan labores repetitivas deberían ser reconvertidas a labores creativas. Quienes hoy son administrativos – que no generan valor - deberían pasar a ser gestores – que generan valor. Suprimir trabajadores sin más solo empeorará la desigualdad y la prosperidad de la sociedad como un todo.

La fe no es un proceso intelectual. Es un proceso de encuentro con un ser supremo. El intelecto es una de las potencialidades que tenemos para llevar a cabo ese proceso, pero no es la única. Reducirlo todo a lógica es no entender la naturaleza del ser humano ni la naturaleza de ese ser supremo. Es intelectualizar un concepto, que no lo resuelve ontológicamente.

2018 fue el año de la toma de conciencia por parte de la sociedad de que la revolución industrial 4.0 es en serio.

Alimentar, vestir, educar y entregar salud y un lugar decente donde vivir a toda esa población generaría el mayor crecimiento económico que haya registrado jamás la humanidad. Hacerlo supone desafíos gigantescos, pero hoy están más asequibles gracias a la revolución 4.0

Stanford, por ejemplo, tiene un curso de Machine Learning que dura 6 semanas, y cuesta 80 dólares con certificado incluido. Ese es el capital humano que necesita Volvo, y cuanto antes.

Estas plataformas están cumpliendo un rol en el mercado laboral. Si las obligan a contratar a sus colaboradores, se acaba el negocio y toda esa gente se queda sin su medio de subsistencia. Si eso sucede, sus alternativas serán ser contratados en condiciones mucho peores que las que tienen (eso sí, muy legales, pero con sueldo mínimo) o volver a vender en la calle (muy ilegal).

Cambiar el modelo de financiamiento y subsidio a la innovación hacia un sistema fuertemente orientado a resultados. Así, si la idea innovadora se lleva un subsidio de X para investigación y desarrollo, recibe 2X si es patentable y 10X si llega a tener patente.