Como es tradicional, el acto central conmemorativo del aniversario de la Epopeya Naval de Iquique, este 21 de mayo, se realizó en Valparaíso con la asistencia de las máximas autoridades del país. Publicamos el discurso que el comandante en jefe de la Armada, almirante Edmundo González Robles, pronunció en la ocasión.
Con una narración de un testigo presencial del 21 de mayo de 1879, comenzó el discurso del comandante en jefe de la Armada, almirante Edmundo González Robles, en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, frente al monumento "A los Héroes de Iquique", acto central de conmemoración a nivel nacional del 133° aniversario de la Epopeya Naval de Iquique, homenaje que fue presidido por el Presidente de la República, Sebastián Piñera.
Como es una tradición, al acto conmemorativo de las Glorias Navales de nuestra Patria asistieron las más altas autoridades del país, además de invitados nacionales y extranjeros.
A continuación, publicamos el discurso completo del comandante en jefe de la Armada, almirante Edmundo González Robles.
“En un valioso documento, fechado el 21 de mayo de 1880 y recién rescatado para la historia, Don Juan Agustín Cabrera, quien el glorioso 21 de mayo del año anterior acompañaba al comandante Prat –como civil invitado– a bordo de la corbeta “Esmeralda”, describió así parte de lo que vieron y oyeron sus propios ojos y oídos:
“A las 08:40, la “Covadonga” había hecho rumbo hacia nosotros, i la “Esmeralda” se mantenía sobre la máquina teniendo ya su proa al sur, después de haber reconocido al enemigo. Pocos momentos más tarde, pasaba al costado nuestro, i Condell, colocado en la toldilla, su puesto de combate, decía al capitán Prat que el “Huáscar” e “Independencia” eran los buques reconocidos. Este contestó que ya lo sabía i agregó: MANTENERSE A POCO FONDO; USAR PROYECTILES DE ACERO. El comandante Condell, con voz fuerte i clara, terminó aquel diálogo de titanes con la desde entonces célebre frase: “ALL RIGHT”.
Esta contestación i la orden concisa, pero terminante, caracterizan por sí solas, el temple de alma de ambos campeones. Sereno i resuelto el uno, se prepara al combate i ordena el sacrificio en nombre de la Patria; el otro, con la sonrisa en los labios, lo acepta i lo secunda”.
Así es, entonces, con serenidad y eficacia, actuando mancomunadamente en equipo, asumiendo tanto los éxitos como el infortunio con igual honestidad y modestia, sin inútiles histrionismos y, siempre encarando el destino, el ejemplo de estos prohombres, que nos motiva y guía, señalándonos inequívocamente cómo debemos asumir nuestros compromisos: determinados en el combate, magnánimos en la victoria y estoicos ante la desgracia.
Consecuentemente, entonces, y reflejados en el mismo ejemplo de Prat, Condell y los suyos, en la gesta de Iquique y Punta Gruesa, hoy hemos sido circunstancialmente guiados en la enorme prueba –asumida con silenciosa y austera actitud– de reconstruir nuestra primordial Base Naval de Talcahuano y Astillero de ASMAR, que resultaran devastados en el terremoto y maremoto del año 2010.
Es así como, con pujante fortaleza e indeclinable perseverancia –esto es, con la mística propia de nuestro compromiso profesional– hemos acometido exitosamente la cabal recuperación de los daños y, en no pocos casos, incrementado y superado las capacidades, hasta entonces disponibles, para el cumplimiento de la trascendental misión institucional que la Patria nos ha encomendado.
También, con la misma incólume espiritualidad y fortaleza humana, propias de nuestro oficio naval, hemos enfrentado complejas y difíciles tareas, desde el siempre urgente y prioritario rescate de personas, así como de embarcaciones y aeronaves siniestradas; hasta poder exhibir la incorporación reciente al Servicio Naval del Buque Multipropósito “Sargento Aldea”, moderna unidad recién adquirida, de elevada complejidad por su tecnología de vanguardia, pero llamada a aportar poderosa eficacia al cumplimiento de sus objetivos operativos dentro de la misión fundamental de la Armada. Ello, gracias a sus extraordinarias características de apoyo a la comunidad y a la solución concreta de emergencias, propias de la siempre difícil realidad telúrica y climática de nuestra áspera geografía.
Ellas han desafiado siempre nuestro actuar institucional, y nos han capacitado y condicionado para responder a sus retos con la virilidad indispensable para conjurarlas.
Y cuando nefastas circunstancias se han interpuesto a nuestra voluntad de someterlas; pues, entonces siempre, con diáfana transparencia y conveniente humildad, hemos sabido reconocer, desde el primer momento, los errores en que hemos incurrido, aprendiendo de ellos, para que con mesura, sobriedad y el silencioso recogimiento inherente a toda contrición convencida, absorbiéramos las lecciones derivadas de las experiencias escarmentadas; para desde ellas, corregir los yerros y, de ser necesario, readecuar nuestros procedimientos o modificar estructuras orgánicas al interior de nuestro quehacer institucional.
Somos y nos sentimos privilegiados al tener en el comandante Arturo Prat Chacón y sus compañeros de gloria, referentes profundos de nuestra identidad espiritual, de nuestra conducta humana y de nuestras actitudes enfrente de los desafíos; especialmente de aquellos que nos confrontan con la adversidad.
Siguiendo su ejemplo, la Armada de Chile ha conseguido mantenerse como una de las instituciones nacionales mejor evaluadas y apreciadas por la ciudadanía, pese a los duros cuestionamientos que de ella se han hecho. Consecuentemente, ¡¡cuidemos nuestra Marina!! Y, ayudémosla a cumplir su rol constitucional, profesional y social, alejándola de toda otra contingencia que de ello la aparte.
Preservemos y cultivemos la ya legendaria, espontánea y arraigada admiración e identificación con los valores humanos, profundamente sentida por la integridad de la sociedad chilena hacia Prat, que lo reconoce tanto como insigne individualidad histórica, así como épico conductor de sus hombres hacia la esfera de la más sublime inmortalidad.
Prat es un héroe cívico por excelencia, que proyecta su impronta mucho más allá de la Marina. Es fiel reflejo del país y el más auténtico representante de las virtudes más valiosas, que nos incluyen a todos en la legítima esperanza de superación humana, individual y colectiva.
Él nos convoca a unirnos como nación, ante los desafíos que constantemente nos plantea la concurrencia evolutiva de nuestra circunstancia social, así como las tan singulares peculiaridades de nuestro territorio. La lección que su vida nos deja de cómo enfrentar las más grandes pruebas, compaginando con sobria naturalidad los atributos de serenidad, persistencia y audacia, ha inspirado a la Armada dejándosela como su principal activo existencial y credo místico de su convicción vocacional. Pero así también, es recogido fervorosamente y con unción por la ciudadanía.
El comandante Prat, entonces, también se proyecta más allá del hito histórico del 21 de mayo, por la herencia que nos ha dejado de su vida ejemplar, que inspira la emulación de su estatura moral por parte de todos y cada uno de los chilenos.
Hoy por hoy, nos encontramos ante una de esas oportunidades singulares que, de cuando en cuando, la Providencia concede a nuestra Patria.
Así como durante el siglo XIX la ubicación geográfica de Chile nos confinó a ser casi meros espectadores del mundo, y consiguientemente a mirar los acontecimientos que lo determinaban desde una perspectiva periférica y alejada; hoy constatamos que el Pacífico, nuestro hogar oceánico, se ha convertido en el centro político, estratégico y económico del mundo.
Las grandes potencias se relacionan en su entorno, las mayores riquezas del mundo se producen en sus países ribereños y se intercambian sobre sus aguas y en sus puertos.
Por años se tuvo como que Chile era “un pequeño país situado en un rincón del mundo”. Eso ya no es así, y el nuestro es hoy “un gran país situado en una posición privilegiada” para el comercio, los negocios y la transferencia de la educación, que trae aparejada el intercambio de la ciencia y culturas ancestrales y las del porvenir.
Así también, por años, nuestros sucesivos gobiernos bregaron tenazmente para posicionar a Chile en esta emergente, nueva y promisoria comunidad. ¡¡Y lo hemos logrado!! Hoy tenemos socios confiables y sinceros amigos en toda la amplia y fecunda extensión de su cuenca.
La reciente gira por Asia de Su Excelencia el Presidente de la República, lo ha demostrado y reforzado aún más. Hemos llegado a ser, en el escenario del Pacífico, un actor declaradamente respetado –y por sobre todo, bienvenidos– con calificada presencia no sólo útil, sino que necesaria.
La sección asiática y norteamericana de la comunidad del Pacífico, ha devenido en la conformación de una organizada institucionalidad económica y política, pragmática y eficiente, a la que Chile se ha incorporado paulatina y exitosamente, gracias a la seria solvencia de sus gobiernos, a la responsable idoneidad de los empresarios chilenos, al esfuerzo de sus trabajadores y al profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas.
La asociación al “Acuerdo Transpacífico” nos ha incorporado a un foro –el primero que reúne culturas de distintos continentes y diversas civilizaciones– cuyas connotaciones comerciales, políticas y estratégicas son de clase mundial, y en el cual nuestra Marina también ha sido aceptada y acogida, por sus pares, en plena y legítima igualdad.
En efecto, en octubre del año 2010 –en Sydney, Australia–, la Armada de Chile fue reconocida como miembro permanente –con la aprobación unánime de los países integrantes– en el Foro “Simposio Naval del Pacífico Occidental”, reconocimiento que importa motivo de gran orgullo para Chile y particularmente su Armada, la que con su presencia en esa parte del mundo, contribuye a potenciar la creciente gravitación de los intereses nacionales en el ámbito de la APEC, y cumple con la vocación y tarea geopolítica de proyección ultramarina de Chile.
Por otro lado, la organización de los países del este del Pacífico, de la región sudamericana de este océano, también avanza: el 5 de marzo de este año, nuestro Presidente de la República asumió la presidencia pro témpore de la “Alianza del Pacífico”, y ahora, en junio, se firmará en Chile el Tratado de dicha Alianza en presencia de todos sus integrantes: Colombia, Chile, Perú y México.
La oportunidad de impulsar a la región a este ámbito tan promisoriamente emergente, es el gran desafío del presente siglo.
Y desde este lugar y en esta ocasión, ennoblecidos y consagrados por el significado puro y profundo de nuestras Glorias Navales, quiero manifestarle a las más altas autoridades nacionales, así como a la ciudadanía toda, que estamos prestos a participar, junto a las Marinas de los otros países miembros, en esta fecunda misión de desarrollo, paz y seguridad común; la cual sólo puede gestarse en la atmósfera de confianza derivada de la diáfana promoción de una sincera y activa amistad.
Pero volviendo a la narración mencionada inicialmente, del ya aludido testigo presencial del 21 de mayo de 1879 –cuya solemne conmemoración, hoy nos convoca–resulta simbólicamente pertinente, releer su descripción del arribo al blindado “Huáscar” de los náufragos sobrevivientes de la corbeta “Esmeralda”, luego de ser recogidos desde las aguas tras el épico hundimiento de su buque, en la mar y en la gloria, con su bandera inamoviblemente izada a tope.
Juan Agustín Cabrera, único civil a bordo de la “Esmeralda”, nos señala: “Una vez que todos estuvimos reunidos, nos hicieron bajar a la cámara de Grau. Aquella entrada fue, por demás, conmovedora. Los primeros compañeros que llegaron, recibieron con los brazos abiertos i lágrimas en los ojos a los que íbamos entrando enseguida. El ardor de la pelea iba dejando paso a la tranquilidad, i entonces el recuerdo de seres tan queridos para todos, cubrió de luto por completo el corazón de los que habíamos sido testigo del valor i heroico sacrificio. Durante el combate no había sido posible llorarlos como merecían i como se les sentía, sino tratar de vengar su muerte. A esas lágrimas consagradas a la memoria de los héroes se mezclaron i sucedieron los abrazos i felicitaciones de la oficialidad peruana. Todos unánimemente elojiaron i encomiaron en sentidas i bien coordinadas palabras, la heroica conducta de Prat, Serrano i demás que los acompañaron; así como la tenaz resistencia de los que tenían ahí presentes”.
Creemos que tales palabras reflejan preclaramente el espíritu con que combaten los marinos: por amor a su Patria, no por odio al circunstancial enemigo, enfrentamos los desafíos, mirándonos a la cara, sin simulaciones, sin estériles retóricas, sin dobleces y con hidalguía.
Así nos lo enseñaron esos dos Grandes Señores del Mar, como lo fueron Prat y Grau, en ese glorioso 21 de mayo.
La prueba que los países del Pacífico Latinoamericano tenemos que arrostrar, nos exige unidad de propósitos, así como una eficaz participación conjunta. Y consecuente con ello, en esta solemne ocasión, invito a las Marinas hermanas de Colombia, México y Perú, a que en el marco del Tratado de la “Alianza del Pacífico”, asumamos la posición de vanguardia de nuestras naciones, en la fértil validación de ésta cada vez más evidente “Hora del Pacífico”. A que lideremos el avance de América Latina hacia la conquista de los mercados y de las necesarias asociaciones con los amigos y aliados del siglo XXI.
Que nuestra región, definitivamente, deje de ser identificada por la inestabilidad y el conflicto, y que ahora lo sea por la perseverancia y hermandad con que trabajamos para hacer de este gran océano, el medio más eficaz de integración con el mundo.
Logremos que el Pacífico Oriental sea un lugar de comercio seguro; de mares transitables en todo tiempo y condición; de puertos expeditos y confiables; de medio ambiente realmente protegido; de pesca rigurosamente sustentable; de industrialización respetuosa de la fauna ribereña; de compromiso implacable contra el contrabando o el tráfico de estupefacientes; de apoyo a la seria investigación científica, y de segura salvaguardia de la vida humana en el mar.
Organicémonos y coordinémonos para contrarrestar la sobrevinencia del azote de los desastres naturales o provocados por el hombre, sobre sus riberas continentales o insulares. Comprometamos la conquista de la paz, sustentada en la confianza entre nosotros mismos y nuestros países.
Apoyémonos mutuamente, y juntos erradiquemos las actitudes aislacionistas que condenan a nuestros pueblos a vegetar solos e inútilmente.
Por nuestra parte, estamos listos. Tenemos los medios y la voluntad.
¡Hagámoslo, AHORA, para que nuestro destino se transforme en una empresa apasionante, digna de nosotros y, por cierto, de todos los chilenos!!
¡¡Muchas gracias!!
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