Cifras en EE.UU., Japón, países emergentes e incluso en algunos de Europa, nos recuerdan la necesidad de equilibrar los elementos en un contexto global.
Europa y la posible salida de Grecia del euro han monopolizado la atención económica en las últimas semanas. En este contexto, no se ha reparado en datos como el mejor reporte de producción industrial en EE.UU. en más de un año (1,1% mensual en abril), los indicios de dinamismo del sector inmobiliario del país del norte, o el crecimiento trimestral de 4,1% de Japón (en lugar del 3,3% esperado), por nombrar algunos. Incluso, paradójicamente, se han dejado de lado las más recientes cifras sobre crecimiento en la zona euro, donde pese a pregonarse una recesión en el conjunto de países con una caída en el primer trimestre, ésta fue evitada, con Alemania subiendo más de lo esperado en el lapso (0,5%).
No parece coherente, por lo tanto, hablar de “desastre”, cuando mientras los países PIIGS experimentan cifras negativas, el bloque como conjunto no las muestra, y muchas naciones del viejo continente, además de Berlín, conviven con números azules.
Al mismo tiempo, las cifras empresariales y de consumo en EE.UU. siguen sorprendiendo. Walmart, la mayor cadena minorista del mundo, ganó en el primer cuarto un 10,1% interanual más (US$3.742 millones), con la facturación avanzando un 8,5%. Paralelamente, las ventas de vehículos de los primeros tres meses en la primera potencia fueron las mejores en cuatro años.
En el ámbito económico internacional, la compleja situación griega y un eventual contagio que a todas luces puede ser detenido (como ya ocurrió antes gracias al BCE), está a ratos obnubilando lo que ocurre en la primera economía del mundo (EE.UU.), la segunda (China), la tercera (Japón) y la cuarta (Alemania). Frente al gigante asiático, el Banco Mundial, a través de su economista jefe, dijo recientemente que espera ver un crecimiento cercano a 8% por 20 años más.
No se trata de desconocer lo que ocurre en el viejo continente. Pero es necesario reequilibrar la atención económica, a fin de evitar caer en el infructuoso y especulativo círculo vicioso del pánico.
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