Su equívoco actuar en la crisis subprime, un eventual alineamiento con los conservadores del país y errores de cálculo, son parte de las abundantes manifestaciones con las que se ha apuntado a la compañía. PASO ATRÁS. Posterior a la rebaja, funcionarios del Tesoro afirmaron encontrar un error de US$2 billones en las estimaciones de la agencia sobre el gasto discrecional del Gobierno. Acto seguido, S&P se vio obligado a retirar la cifra de su análisis. Luego de que Standard and Poor's (S&P) rebajara la calificación de la nota crediticia de EE.UU. de AAA a AA+, a la serie de ataques y recriminaciones entre el Gobierno de Barack Obama y la agencia calificadora, se han sumado diversos analistas que, en su mayoría, cuestionan lo acometido, apuntando principalmente hacia contradicciones y elementos de dogmatismo. Pero más allá de la discusión, lo cierto es que en un entorno en donde la preocupación por la debilidad de la actividad se ha acrecentado, la firma terminó por fomentar los miedos sobre una recesión, lo que abrió espacio a un entorno altamente especulativo, nocivo tanto para el país del norte como para el mundo. Errores y e Ideología En el comunicado sobre lo decidido, la firma indicó que "la rebaja está motivada porque la consolidación fiscal acordada por el Congreso y la Administración se queda corta respecto a la que sería necesaria para estabilizar la dinámica de deuda a medio plazo del gobierno". Ante esto, la Casa Blanca atacó la credibilidad del análisis y funcionarios del Tesoro afirmaron encontrar un error de US$2 billones en las estimaciones de la agencia sobre el gasto discrecional del Gobierno. Acto seguido, S&P se vio obligado a retirar la cifra de su análisis. Para el presidente y director del Think Tank Center for Economic Policy Research en EE.UU., Mark Weisbrot, la rebaja se debió a una maniobra política. “EE.UU. nunca va a terminar en un impago, ellos tomaron una decisión política y que concuerda con su ideología, que es parte de su sesgada forma de cómo miran el mundo”, enfatiza. Complementa que la decisión no tiene ningún sustento válido, en donde “ni siquiera en los cálculos financieros hubo una correlación con la realidad, “puesto que en el primer análisis había un error de US$2 billones, y a pesar de la corrección, la agencia mantuvo su decisión de realizar la desvalorización”. Para el economista del Conference Board, Ken Goldstein, la empresa en cuestión escogió “una estrategia equivocada al alinearse con los republicanos”. Según él, pese a que la debilidad económica es la preocupación más inmediata, los conservadores y S&P se han centrado en gran medida en la deuda. Impacto Relativo Una visión diferente expresa Aparna Mathur, economista del American Enterprise Institute, quien subraya que el problema no es la rebaja, sino que “el Gobierno de Barack Obama no ha podido reducir la alta deuda y los gastos que puedan darle a EE.UU. una tranquilidad presupuestaria y solucionar los problemas fiscales que el país atraviesa”. Goldstein, en tanto, describe que con todo esto, lo que más ha sido recordado en EE.UU. es la “calificación AAA que le dieron a la desastrosa deuda hipotecaria en la crisis subprime”.
“S&P no es una fuente muy confiable en muchos de estos tópicos”, indica Weisbrot. “Recibieron millones de dólares por hacer estas falsas notas crediticias, lo que es una forma de corrupción. Probablemente debieron ser procesados criminalmente por estos fraudes”, apunta. Por lo pronto, si bien el supuesto impacto que tiene una rebaja en la calificación es un aumento en las tasas de interés de la deuda soberana, dado un mayor riesgo de impago, tras el anuncio, recuerda Goldstein, “el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años era de 2,95%, y días después bajó a 2,26%”. De cualquier modo, los analistas recuerdan que las tasas vinculadas a estos instrumentos pueden subir en el futuro, especialmente si las otras dos agencias de rating están de acuerdo con S&P, algo que por el momento, es incierto.
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