Hace poco se supo de un estudio hecho por la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), según el cual en los últimos tres años (2005-2007) los consumidores de energía eléctrica habrían pagado por ella unos US$10.000 millones de más respecto de lo que hubiera sido normal, es decir, a los precios del año 2003. Esto tiene como explicación fácil los cortes de gas realizados por Argentina y haber tenido que sustituirlo principalmente por diésel. Eso es cierto, pero sin dudas hay también una enorme culpa nuestra por una falta de previsión y, más que eso, por una pésima o nula planificación del sector eléctrico. Parece conveniente hacer aquí una pequeña historia: Al difundirse, en la década de los años ochenta la técnica de la generación eléctrica a base del “ciclo combinado” a gas, los interesados en traer gas desde Argentina convencieron a Endesa, Colbún y Gener de instalar una unidad de ciclo combinado cada una, con lo que se enteraba un volumen razonable que justificaba económicamente un gasoducto para importar gas desde Argentina. Esa fue la base para el Protocolo Nº2 que formó parte del Acuerdo de Complementación Económica de Agosto de 1991, entre ambos países, y que autorizaba la exportación de cinco millones de metros cúbicos de gas por día desde la cuenca neuquina. En noviembre de 1995 con el Protocolo Sustitutivo del Protocolo Nº 2, fue dejado libre cantidades y fuentes de origen del gas posible de exportar desde Argentina. Todo esto hizo que se produjera una liviandad en la instalación de unidades generadoras a gas que desplazó prácticamente a toda otra forma. Por su parte los productores argentinos tuvieron una indiscriminada liberalidad para ofrecer la venta de gas, sin mucha rigurosidad de sus autoridades. Con todo ello se produjo una verdadera psicosis de instalaciones a gas natural en nuestro país, olvidando toda razonable planificación. Cabe preguntarse si los US$10.000 millones con que iniciamos estas líneas deben cargarse al precio del gas realmente recibido o a la verdadera falta de planificación eléctrica de nuestro país, porque sólo los proyectos de Aysén valen del orden de la cuarta parte de este sobre costo.
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