Lamentablemente ha tenido que producirse la alarma sobre el problema eléctrico. Era fatal. Había que hacerlo. Pero, entre otras cosas, por fin se oye decir a una autoridad: “no podemos seguir oponiéndonos a todas las centrales” y “el tema hidroeléctrico es un tema que en Chile debemos abordar y abordarlo con toda la decisión del Estado”. Varias veces nos hemos referido al tema eléctrico y, particularmente, al hidroeléctrico. Hemos dicho que no podemos olvidar que el agua es nuestra y que es lo único verdaderamente nuestro y por lo tanto hay que aprovecharla y hacerlo muy bien. Es lamentable que sólo cuando se llega a situaciones de estrechez como la que ahora vivimos, recién se empiece a calibrar el fenómeno y no falta quien valorice que un racionamiento como el que ahora se espera, según su extensión, vale entre medio y un punto del producto bruto del país, que acumulado en el tiempo, son varios miles de millones de dólares, bastante más de lo que cuestan las instalaciones para evitarlo. Se hace necesario llamar la atención a la opinión pública de que el aprovechamiento de los recursos hídricos del país debe intensificarse, con el debido respeto al medio ambiente. No otra cosa debe suceder con los desarrollos de Aisén, que en sus dos ríos Baker y Pascua se vienen estudiando desde hace más de 40 años y que hoy es posible materializar, a pesar de que el actual proyecto les ha cercenado sus mayores posibilidades en beneficio, suponemos, de mal entendidos beneficios ecológicos. Con el objeto de evitar la inundación de unas tres mil y tantas hectáreas de más en las tierras más despobladas del país se desperdician decenas de metros de caída que significan varios cientos de millones de kilowatt-horas que se pierden de aprovechar en los ríos, que tienen la mayor seguridad hidrológica del país y sin necesidad de cambiar un ápice el proyecto de la línea de más de dos kilómetros de longitud. Es cada vez más urgente acometer la realización de estos proyectos. No serán ellos los que solucionen estas crisis pero contribuirán mucho al futuro. Además no olvidemos que el desarrollo de una central hidráulica es en más del 80% trabajo e inversión nacional justo al revés de la térmica, y no contamina.
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