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07/03/2013

Chile y el liderazgo de las familias empresarias


 
  Gonzalo Jiménez Seminario, DBA (c) University of Liverpool Director de Proteus Management Con
 
 
 

Las políticas públicas no deberían focalizarse en penalizar a los grupos familiares, sino que en incentivarlos a contribuir al máximo.

Los grupos empresariales, especialmente los familiares, cumplen un papel fundamental en la economía chilena. Tal es su relevancia, que actualmente existen 163 grupos económicos que controlan cerca del 85% de la Bolsa. Comparándolos con el resto del mundo, los chilenos son de los que tienen mayores niveles de diversificación e integración vertical. Además, en nuestro país hay una particularidad: el desempeño económico de los grupos empresariales es elevado en un contexto de un nivel de desarrollo institucional medio-alto.

Chile sale de la regla general, debido a la relevancia que las familias poseen a nivel empresarial. Hoy cuatro grupos económicos familiares representan alrededor del 21% del PIB, según una estimación de Forbes. Así, se da una mezcla muy especial entre los grupos empresariales y las empresas familiares, lo que llamamos Family Business Groups, que se manejan con dinámicas únicas, distintas a las tradicionales.

Al tener una dinámica propia, surge la pregunta si es necesario regular de forma especial estos grupos o no. Desde luego al interior de los grupos empresariales pueden producirse buenas y malas prácticas de Gobiernos Corporativos. Entre las buenas podemos reconocer que al tener dueños presentes, las empresas chilenas pueden evitar fenómenos como el ocurrido con La Polar, donde los ejecutivos actuaron sin contrapesos.

El lado negativo proviene principalmente de conflictos entre mayoritarios y minoritarios, por ejemplo, como la encendida polémica en torno al aumento de capital de Enersis que ha enfrentado a las AFPs con Endesa España.

Permitirles todo a los controladores no es recomendable. Restringirlos al máximo tampoco parece conveniente, ya que los grupos familiares son un motor fundamental de nuestra economía. La clave está en entender que no nos podemos manejar en el mundo de los negocios en Chile sin entender que éstos son actores clave.

Por lo tanto, las políticas públicas no deberían focalizarse en penalizar a los grupos familiares, sino que en incentivarlos a contribuir al máximo al emprendimiento, la competitividad y la innovación.