El riguroso norte –el de los acreedores– postula un ajuste rápido y un término de las concesiones a los deudores o la escisión de los “serios”.
De los enredos que se trae la economía europea en su andar de estos días y, sobre todo, en cómo le van a afectar a los diversos países de un mundo globalizado, cada cual tiene su visión particular y, no sorprendentemente, estas visiones se dispersan en un amplio espectro. En Chile, por ejemplo, una gran mayoría de los ciudadanos parece ver el bloque económico europeo, el más grande del mundo, como parte de otro mundo, distante y ajeno. En otras latitudes, sin embargo, se mira a Europa y sus contorsiones políticas y económicas como muchos intereses y creciente preocupación. Tal parece ser caso de los Estados Unidos, que no siente las mismas certezas que Chile.
En una situación como la recién bosquejada, parece útil tratar de ordenar ideas agrupando los bloques de opinión que muestran cierta homogeneidad para entender su importancia. En esta perspectiva, parecen perfilarse tres aproximaciones: una, la norteamericana y otras dos europeas: una septentrional, en la cual encajan muy bien los alemanes, holandeses y fineses, laboriosos, serios y nórdicos; la otra meridional, en la que típicamente encajan griegos, italianos y españoles, relajados, alegres y muy meridionales.
El bloque norteamericano aparece como el más homogéneo en torno de cuatro ejes de pensamiento. El primero tiene que ver con la concepción original de la unión monetaria que ven casi inviable: mal concebida y peor implementada. El segundo tiene que ver con la cotización de Euro que se ve insosteniblemente sobrevalorado, haciendo que, particularmente los países meridionales, enfrenten insuperables dificultades para competir internacionalmente. El tercero tiene que ver con la fragilidad que ha mostrado la unidad política del continente y la consecuente inestabilidad que proyecta sobre la vida económica de la región y, finalmente, discrepando con el sentir de Chile, ven la proyección un eventual quiebre del bloque europeo como un evento gravísimo para la economía mundial.
Las visiones europeas, aunque comparten una apreciación muy valorizada de lo logrado hasta hoy tanto por el mercado común como por la unión monetaria, ven distintos caminos para evitar su quiebre. Mientras el riguroso norte, el de los acreedores, postula un ajuste rápido y un término de las concesiones a los deudores o la escisión de los “serios”. El bloque de los antes relajados deudores meridionales, abrumados por tanto ajuste y enfrentando grandes dificultades económicas, se inclina por un gradualismo que alivie el momento y permita avanzar hacia una normalización económica. Esta vía transita por un sendero político largo que a muchos parece inviable.
Mientras tanto, nuevas reuniones de alto nivel se suceden con resultados diversos, aunque apuntando a un apoyo más sólido a la Unión Europea en las últimas semanas. En el centro de este escenario, Alemania, el gran acreedor, con Frau Merkel en España mostrando una sonrisa, y en estos días en el Tribunal Constitucional de Bonn dando luz verde a la participación alemana en el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que permitiría el manejo financiero a la crisis monetaria. Albricias. Una tregua en un camino todavía largo y tortuoso para consolidar la Unión Europea.
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