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11/09/2012

Cultura cívica


 
  Patricio Reyes Budelovsky, abogado y consultor en Liderazgo y Coaching, académico universitar
 
 
 

La vida en comunidad requiere de actitud y voluntad para considerar a los demás: tratar como te gustaría ser tratado.

Quiero referirme a un asunto que como ciudadano me preocupa, pues de alguna manera está vinculado al tema de los valores humanos, la responsabilidad cívica y las buenas costumbres. Es la situación de los que frecuentemente cometen actos reñidos con la cultura, la que todos deberíamos incrementar y respetar pensando en quienes nos rodean y en el cuidado de los bienes que nos pertenecen como sociedad.

Los malos ejemplos son múltiples: el conductor que lanza la colilla de cigarrillo desde el vehículo a la calzada, o el que la bota en la acera o jardín público; el que escupe en el suelo en plena vereda; el que arroja papeles o desechos en cualquier parte; el que cruza el paso peatonal caminando lentamente, en ocasiones hablando por celular, en actitud “desafiante” hacia el automovilista que espera su derecho de paso; el conductor que no obstante la advertencia traspasa el cruce de peatones sin respetar la preferencia de estos, etc., son muestras que a diario vemos en la vía pública e inclusive a través de otras manifestaciones de incultura en lugares cerrados, que sería interminable citar aquí.

Realmente, hay quienes no tienen respeto alguno por los demás y como toda mala costumbre, provocan un efecto multiplicador que aumenta en lugar de disminuir: si éste lo hace, por qué yo no…es la conclusión egoísta del que sigue la huella errada. Hay plazas y parques en que los municipios han instalado expendedores de bolsas de plástico y basureros especiales para que quienes pasean a sus perros los usen y no dejen los excrementos de sus animalitos botados en donde otros pisarán. He visto cómo esas normas o recomendaciones son transgredidas por muchos, sin importarles el derecho de los demás de disfrutar de un paseo público que la comunidad y sus autoridades les brindan.

Estamos habituados a exigir que se cautelen nuestros derechos de ciudadanos, y nos olvidamos de los deberes. La vida en comunidad requiere de actitud y voluntad para considerar a los demás: tratar como te gustaría ser tratado.